Mercedes Sosa

En un nuevo aniversario del 4 de octubre del 2009, un ícono del folklore, de la música popular, la lucha y las ideas ¿Qué decir de quien tanto se ha hablado?

Que a una mujer nacida un 9 de julio en Tucumán no le quedaba más destino que ser la voz de los que luchan.

Que su infancia fue marcada por la pobreza, pero sobre todo por una familia que se mantuvo unida a lo largo del tiempo.

Que con quince años comenzó a cantar a escondidas con el seudónimo de Gladys Osorio.

Que eligió casarse con quien la conmovía y no con quien podía sacarla de la pobreza.

Que alguien que formó parte del Movimiento del Nuevo Cancionero, que en su manifiesto declaraba “El arte, como la vida, debe estar en permanente transformación y por eso, busca integrar el cancionero popular al desarrollo creador del pueblo todo para acompañarlo en su destino, expresando sus sueños, sus alegrías, sus luchas y sus esperanzas”, cómo no iba a transformarse en “La voz de Latinoamérica”.

Que quienes la rodeaban, incluso su marido, vieron el brillo y no quisieron acompañarlo.

Que pudo salir adelante separada y con un hijo en 1965.

Que ese mismo año Jorge Cafrune la invitó a subir al escenario de Cosquín, aún en contra de las opiniones de la organización.

Que su relación con el Festival de Cosquín fue siempre conflictiva hasta que eligió retirarse.

Que la vida le presentó un compañero, Pocho, y trece años más tarde se lo quitó.

Que sus ideales la volvieron blanco de amenazas y persecución en los años 70, culminando con su exilio en el 79.

Haydée Mercedes

Que sufrió el exilio, la soledad y la lejanía de su tierra y sus seres queridos, pero sus ideales, sus creencias, la mantuvieron activa y con la esperanza de volver.

Que su mayor alegría fue volver triunfal y rodearse de las nuevas generaciones de artistas, de géneros diversos, escucharlas e integrarse con los nuevos sonidos.

Que fue la luz de la esperanza para volver a creer en la democracia., dijo en algún momento León Gieco.

Que sufrió la soledad hasta el punto de quedar postrada y sin fuerzas.

Que no hay mayor sentimiento de soledad que el de amor inmenso de las masas.

Que es reconocida mundialmente, incluso en lugares donde no comprenden el idioma, lo que la obligó a aprender a cantar con el cuerpo, no sólo con su voz.

Que conoció y compartió escenario con artistas de todo el mundo, de todos los géneros y de todas las edades

Que para algunos es el faro que guía su vocación, como siempre cuenta Abel Pintos.

Por eso: ¿Qué decir de quien tanto se ha hablado?

Enumerar hechos, virtudes, defectos, amigos, artistas, diferencias con otros, son sólo anécdotas de alguien, es una pequeña ventana por donde colarnos a sentirlo más cerca.

Haydée Mercedes, como la inscribió su padre porque se olvidó el nombre que había elegido la madre, Marta, que fue el nombre que siempre usó su familia, Mercedes o La Negra, para el público, bautizada como La Voz de Latinoamérica por otros, fue, es y será una cantora. Sí, cantora, porque “cantante es el que puede y cantor es el que debe”, como lo definió Facundo Cabral, que inició los cambios en su tiempo y se mantuvo abierta a seguir cambiando, aprendiendo, durante cuarenta años.

Una cantora que con cada una de sus canciones tenía fundamento, que no olvidó los principios que la acompañaron en toda la vida para hacer lo que más feliz la hacía… Cantar.

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