La calavera maldita

Me deslizo por la ventana de mi cuarto y tengo una extraña sensación, como si todo se abriera a mi camino. Vuelo lentamente hacia la casa de enfrente, sin poder creer aún lo que está pasando. Al ver que no tienen ventana alguna, me estoy deslizando a un costado ¡Qué suerte! Al parecer, atravesar una puerta no es mayor obstáculo que una ventana para un espectro. Todo a mi alrededor está muy silencioso y casi igual de oscuro. Tan sólo una tenue luz ilumina la sala de estar. Y a unos escasos metros de distancia, un anciano yace dormido en un sillón.

Estoy seguro de que es la oportunidad perfecta, así que me abalanzo hacia él. Ya casi lo tengo y…

¡Mierda! ¿Qué demonios fue eso? El anciano acaba de abrir los ojos. Con una mirada con una mezcla de ira y orgullo, levanta una escopeta que había escondido hábilmente y aprieta el gatillo.

Una bala atraviesa mi cuerpo a toda velocidad. Al ser un fantasma, supuse que no sería un problema. Estaba equivocado. A pesar de que no hubo sangre, por dentro siento un extraño e intenso dolor en el estómago.

Otro disparo. Y otro.

Esta vez me retuerzo del dolor. El miedo está presente en mi mente y ya estoy a punto de desmayarme. El plan ha fallado.

—¡Lo sabía! —farfullaba el anciano, con un gesto triunfal—. ¡Todos me daban por loco, pero yo sabía que eran reales! ¡Y ahora tengo la prueba de ello!

¡Maldición! ¿Por qué tuve que meterme en la casa del señor Roca? Ese viejo siempre fue tachado de loco por todos los vecinos debido a su obsesión con los espíritus ¡Y ahora va a matarme!

Pero… ¿Puede morir un fantasma? Es verdad que me sorprendió el dolor causado por los disparos. Pero no siento como si me fuera a morir, ni mucho menos…

Me vuelvo a levantar, recobrando la compostura.

Ante la mirada atónita del señor Roca, lo atravieso con ambas manos.

Al principio no ocurre nada, pero luego siento como si se tratase de un déjà vu. Sólo que ahora a la inversa: El señor Roca es quien se acerca a mí para arrebatarme el dije en forma de calavera. Inmediatamente, vuelvo a recuperar mi cuerpo y desaparecen la capa y todos los adornos que tenía, para que pasen a ser posesión del anciano.

—¿Querías pruebas? ¡Ahí las tienes!

Intento exclamar. En cambio, lo que salen de mi boca son sonidos ininteligibles. Ahora estoy escupiendo sangre… ¿Qué está pasando?

¡Ya lo entiendo! Pero es demasiado tarde. Nunca he tenido posibilidades de sobrevivir. La Muerte ha estado jugando con nosotros todo este tiempo. Me acabo de dar cuenta al ver sonreír a la calavera colgada en el cuello del señor Roca. El problema no era poseer esa calavera maldita, sino que cualquiera que se la quitara recibiría su maldición.

La prueba de ello es la sangre que brota de mi abdomen, como consecuencia de los disparos de la escopeta. Pero nada de esto fue una coincidencia. Todo ha sido un plan mucho mayor trazado por ella: la Muerte. Yo sólo he sido una pieza más de su juego macabro sin fin.

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