El Ciudadano Ilustre es la pre candidata a los Premios Oscar, seleccionada por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina. Si la viste, sabés que merece muchísimo este galardón. Ahora bien, si llegaste acá para encontrar razones para verla, voy a prometer que no habrá spoilers. Si quisieras tener motivos para verla, sólo voy a mencionar: No busques razones, andá sacando la entrada ya.

Lejos de caer en la típica comparación, muy vista, con “El Ciudadano Kane”, voy a correrme de ese lugar y no voy a intentar ser una crítica de cine de esas de anteojos y boina caída. Bueno, las últimas cosas se corresponden a mi persona, pero ése no es el punto.

De qué va “El Ciudadano Ilustre”


La historia de la película se centra en Daniel Mantovani, un escritor nacido en Salas, Buenos Aires; que deja su pueblo y no vuelve a él durante casi cuatro décadas. Durante ese tiempo, Mantovani vive en España, donde gana el Premio Nobel de Literatura.

Un día y entre las miles de cartas que recibe a diario, está la invitación para volver a Salas, en el marco del Aniversario del pueblo y para recibir la condecoración de Ciudadano Ilustre.

Una vez que se decide a asistir, comienza un camino en el que se conecta una y otra vez con la imagen que tiene de Salas. Amores, amigos, paisajes… todo se encuentra detenido en una memoria que parece perfecta. Como todo lo que recordamos: Suele ser perfecto hasta que comenzamos a analizarlo. Es por esto que, a medida que Mantovani recorre las calles del pueblo, también recorre, de cierta manera, su vida.

Daniel, Antonio e Irene, tres personajes con dos historias.
Daniel, Antonio e Irene, tres personajes con dos historias.

El Ciudadano Ilustre: Algunas razones


1. A mi entender, El Ciudadano Ilustre compite muy dignamente por el Oscar. Porque tiene esa ambivalencia preciosa durante toda la película. Y al hablar de ambivalencia, me refiero a la delgada línea en la que te sorprendés emocionándote, sin saber en qué momento preciso pasaste de la risa a la seriedad.

2. La presencia de Oscar Martínez hace que recordemos que ganó la Copa Volpi como mejor actor en el Festival de Cine de Venecia. Cada escena en la que está presente es una cátedra de sensibilidad y actuación.

Martínez alzando la Copa Volpi, el premio a mejor actor en el Festival de Venecia.
Martínez alzando la Copa Volpi, el premio a mejor actor en el Festival de Venecia.

3. El guión es otras de las razones por las que empujaría a los críticos hollywoodenses a elegirla. No sólo por las acciones que se nota que han sido escritas, sino por cada línea de diálogo. Mientras estaba en el cine, quise guardar cada frase en mi cabeza, a pesar de tener la memoria de Dory.

4. El Ciudadano Ilustre está cargada de creatividad y momentos en los que se desnuda, en esa creatividad, un escritor que encuentra la manera de sostener un lazo con el pasado: Sus libros. Ese contacto permanente, aunque sea a través de sus letras, con lo que recuerda, con la imagen que aún guarda del pueblo que abandonó hace mucho tiempo.

5. Y, por supuesto, no puede faltar la referencia a que “nadie es profeta en su tierra”. Mantovani salió de un lugar, triunfó y no quiso volver. Pero, cuando tuvo que hacerlo, esos logros se vuelven de alguna manera en su contra. El viaje que realiza Mantovani a su pueblo es una forma de conocer la inspiración del escritor y de redescubrir junto a él las verdaderas caras de esos personajes que parecen ser salenses, pero que, al fin y al cabo, son personajes ficticios.

Difícil no spoilear


Prometí no spoilear y voy a mantener mi palabra. Pero quiero destacar tres o cuatro cositas que quiero que me prometan ustedes que no van a dejar de observar:

6. Cada uno de los cruces entre Antonio (Dady Brieva), Irene (Andrea Frigerio) y Daniel Mantovani (Martínez).

7. La manera en la que Irene mira a Mantovani.

8. Cada momento en que Mantovani pisa las calles del pueblo y parece ser niño. Las miradas encubiertas del protagonista con cada cosa que observa.

9. El momento en que Mantovani cuenta un cuento junto al fuego.

el-ciudadano-510. Si a todo esto le sumamos el aroma a campo que trasunta la pantalla, el aroma de los recuerdos de todos aquellos que un día partimos de nuestra tierra y deseamos ser profetas al volver, obtenemos más que razones para que El Ciudadano Ilustre nos traiga un nuevo Oscar.

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