Justicia por mano propia

Actualmente, en nuestro país, estamos sufriendo un grave problema que gira en torno a la inseguridad y la justicia por mano propia, que recientemente se puso en evidencia por los casos del médico de Loma Hermosa y el carnicero de Zárate, quienes se defendieron de robos, resultando en la muerte de sus asaltantes. Pero para hablar de eso, quiero empezar dando un rodeo medio extraño.

Resulta que ayer, sábado, además del Día del Profesor, fue el “Batman Day”. Infinidad de veces se debe haber escrito al respecto de este personaje que, junto con Superman, se volvió un ícono que supera la barrera del tiempo; en 2016 se cumplieron 77 años de su primera aparición y seguimos contando. Pero surge la pregunta, ¿ícono de qué, exactamente? ¿Qué lo hace tan pop(ular)?

Batman es, resumiendo, un millonario que combate el crimen anónimamente, “inspirado” por la tragedia personal que representó presenciar el homicidio de sus padres durante un robo, a sus nueve años de edad. Entonces, según esto, el encapuchado no busca venganza, sino justicia, busca evitar que otros pasen por lo que él pasó. Y lo hace recurriendo a la violencia física, pero con una regla, “no matar”.

Esta misma regla la comparte su especie de contrapartida de Marvel Comics, Daredevil. La situación de Matt Murdock es, tal vez, más hipócrita. Durante el día Bruce Wayne es un CEO, mientras que Murdock es un abogado. Ese aspecto lo debatimos con mi novia mirando la serie del “diablo de Hell’s Kitchen” que emite Netflix: ¿Desde qué lugar puede exigirle él a personajes como Elektra o Punisher atenerse a sus reglas, cuando él mismo actúa fuera de la ley?

En los años 80 el legendario Alan Moore publicó lo que puede considerarse una sátira de los súperheroes, el imprescindible Watchmen. El título —“Los Vigilantes”— refiere a una cita extraída de otra sátira, ésta del poeta romano del siglo II, Juvenal, que se traduce como “¿Quién vigilará a los que vigilan?”. Sin entrar en spoilers, lo que Moore intenta transmitir es la importancia de instituciones tales como los medios y el público en general a la hora de controlar a la gente en el poder, en este caso representada por personas con capas, antifaces, delirios de grandeza y complejos de inferioridad. Yo, personalmente, quiero entender que, para el guionista británico, en cierto punto el “superhéroe” es un proto-fascista que se pone por encima de los demás hombres y de la Ley para imponer su versión de justicia.

Justicia mano propia
Imagen: nexos.com.mx

Y con eso tengo que volver a la realidad, nuestra realidad. La realidad de un debate que es mediático para muchos, pero para otros es real y cotidiano, el debate sobre cómo resolver el “problema de la inseguridad”, en especial en relación a aquellos asaltos violentos que muchas veces resultan en muertes, tanto de los asaltados como de los asaltantes.

Si dependiera de mí, trataría de resolver lo que yo considero que es un problema relacionado con una desocupación y drogadicción prácticamente perennes en los “sectores vulnerables” con una asistencia estatal permanente, centrada más en la educación que en la presencia policial o en penas judiciales más duras (pero tengo que admitir que eso también depende de mi estado de ánimo).

Pareciera que el grueso de la gente que pertenece a sectores medios —indistintamente bajos o altos—, las víctimas, son más propensas a querer castigar violencia con violencia. Le exigen al Estado penas más fuertes y expeditivas para los chorros y, al mismo tiempo, liberación inmediata para el trabajador que se defienda matando al asaltante.

La gobernadora de Buenos Aires María Eugenia Vidal admitió que casos como el del médico son consecuencia directa de la falta de acción estatal y no justifica la justicia por mano propia. Al respecto, el periodista Baby Etchecopar, quien protagonizó un caso parecido hace cuatro años, dijo que pasar por eso es “una condena de por vida”. Curiosamente, dos meses antes atacaba ferozmente a las instituciones —Gobierno, Justicia, Congreso, medios— exigiendo que “el que mata tiene que morir”. Ése parece ser el consenso en estos casos: el Estado tiene que hacerse cargo y tiene que hacerlo con mano dura.

Acá todos queremos creer en el Estado, queremos que se castigue a los criminales, nadie quiere ser Batman, pero quieren que los policías sean Harry, el Sucio. El chorro tiene que ser castigado, pero que sea el Estado el que se ensucie las manos.

Watchmen no es lectura de primaria o secundaria, pero no puedo evitar imaginarme a Alan Moore agarrándose la cabeza si viera que muchos de nosotros, de hecho, “vigilamos a los que vigilan”, pero para pedirles mano dura. Si hay una solución a esto, no es con más violencia y no es a corto plazo.

En esta era de redes sociales tenemos que terminar de aprender que los medios siguen siendo un Cuarto Poder, pero ya no son instituciones anónimas, sino una herramienta a la que todos tenemos acceso y si usamos esa herramienta para comunicar, tenemos la obligación de usarla bien, exigiendo lo correcto.

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