Embajadores de Creatividad es un evento que realiza la Universidad de Palermo (UP) desde el 2014. A partir de entonces, se hace una entrega de distinción a las personas que se destaquen por sus obras, producciones o reflexiones y que sean una inspiración de nuevas generaciones. En esta ocasión, la UP le entregó este premio y mención a Marilú Marini.

María Lucía (Marilú) Marini es una actriz argentina, nacida en Mar del Plata en 1945, de gran trayectoria en el país y en Francia, donde vive desde 1970. Allí fue condecorada como Oficial de la Orden de las Artes y las Letras.

Comenzó su carrera en Buenos Aires, desde la danza contemporánea en el Instituto Di Tella. Más tarde participó en varios proyectos independientes, actuando y coreografiando obras.marilumarini1

Cuando se mudó a París, comenzó su carrera teatral con el grupo TSE, fundado por Alfredo Arias, y participó de proyectos teatrales con él, con Jérôme Savary, Ariane Mnouchkine, Hugo Santiago y Copi.

Ganó el Premio a la mejor comediante por La Mujer Sentada y el Molière por Mortadella y por Peines du coeur.

En los últimos años aumentó su actividad en cine, protagonizando Mentiras piadosas, de Diego Sabanés; La sublevación, de Rafael Aquinaga, y Las mujeres llegan tarde, de Marcela Balza, además de otros pequeños papeles. En televisión, participó de Guapas y de Silencios de familia.

El evento “Embajadores de la Creatividad”


En el zoom de la sede de Mario Bravo 1050, una Marilú Marini vestida de negro de pies a cabeza (incluida una boina) conversaba con Andrea Pontoriero, la coordinadora de la carrera de Espectáculos de la universidad, y con Cipe Fridman, productora e íntima amiga de la actriz.

Pasadas las once de la mañana, Pontoriero tomó el micrófono para introducirnos en el tema. Contó de qué se trataba el evento y le dio la palabra a Fridman. Ella, emocionada, habló sobre la generosidad, la humildad, la pasión y, claro, la creatividad de su amiga homenajeada.

Después del abrazo entre las dos, el Decano de la UP, Oscar Echevarría, y Pontoriero entregaron el premio en nombre de la Facultad de Diseño y Comunicación. En su agradecimiento, Marilú lo dedicó a las nuevas generaciones que se integran al mundo del espectáculo, animándonos a perseguir una buena formación para sumarle “armas” a la pasión.

En su discurso habló de quien fue su maestro, Jorge Luz. Dijo que Jorge no tuvo una formación, pero que tenía método: “Si estudiamos, vamos a tener más elementos para defendernos”.

La entrevista a Marilú Marini


Pontoriero: En otras entrevistas hablaste de una formación en experiencias humanas ¿A qué te referís con eso?

Marilú Marini: Los actores no “representan” a alguien, sino que lo “hacen”. Para eso necesitan contacto con las personas. El actor toma a la gente como espejos o como moldes.

Hay dos vías de aprendizaje y formación: La primera es el trabajo técnico. Uno tiene que tener el cuerpo entrenado y la voz entrenada. Y disponible para lo que el director necesite. Es importante tener el alma dispuesta a trabajar y a entregar todo de uno. Y lectura. La segunda es el contacto con la gente. El trabajo del artista es variado y sin reglas, pero es fundamental conocer y escuchar al otro. La gente quiere reconocerse en los personajes y participar del espectáculo.

Todo el espectáculo se trata de un grupo de humanos que le cuenta al resto una historia.

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P: Cuando tenés una obra con didascalias muy definidas… ¿Qué tan creativa podés ser trabajando con una estructura tan precisa?

M: Cuanto más definido está algo, más se puede crear. Se puede respetar y trascender si no nos dejamos “rigidizar”. Una estructura sostiene y da movilidad, como la columna vertebral. Los puntos están para ser hechos, pero cada uno los hace de manera diferente. Tiene que ver con lo que se quiere transmitir y qué evoca lo escrito en el actor.

Además, uno no puede controlar todo. Hay veces que hay que tener el coraje de soltar el control, que no es descontrolarse, sino poder dejarnos ir a la dimensión que no es del orden intelectual.

P: ¿Cómo fue actuar en otro idioma? Porque me imagino que tuviste que tomar clases de idioma y de canto y aprender el “cuerpo cultural” ¿Qué es el cuerpo cultural?

M: El cuerpo cultural lo poseemos todos, pero no lo hemos estudiado. Es un código que hace que nos podamos mover en lo social. Es sobre cómo funcionan ciertas cosas en las relaciones con las personas. Hay cosas que ya están adquiridas.

Yo creí que sabía sobre la cultura francesa porque había leído, pero me faltaba lo cotidiano, lo que está sedimentado sin que sepamos que está. Cómo te manejás con el señor que te vende la verdura, cómo le hablás a alguien de tu misma edad o que tiene un trabajo un poquito mejor… No podés, allá, tocar el timbre a la mañana y decir “subo a tomar un café”. Allá no se tocan, no se abrazan, no se besan como acá.

Yo aprendí viviendo allá. Allá es todo diferente, porque hay otra institución cultural y otra estructura social.

P: ¿Por qué dijiste en tu última entrevista que te gustaría interpretar a Sancho Panza?

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Sin trabajo no hay talento. Me gustaría que dios me reciba en el paraíso y que la frase con la que me recibe sea “hiciste bien tu trabajo”.

M: Es mi sueño. Porque es un hombre que sigue a Don Quijote sin compartir su deseo y mística. No comparte la locura, pero es humilde, justo e inteligente. En la fidelidad hay una grandeza. Y en la humildad. Sancho tiene como modo de vida tener en cuenta al otro y eso me parece fundamental en la vida y en el trabajo. Aparte, me parece cómico.

P: ¿Cuál es el rol del humor?

M: Yo soy medio payasa. Pero, además, el humor tiene una elegancia, porque tiene distancia con lo que pasa. Y al mismo tiempo quiebra con lo establecido. Señala fisura en la lógica de lo real. Despierta nuestra una parte más… sórdida… y no está mal. Hay que tener coraje de enfrentarse a las faltas de uno mismo. El humor da lugar al otro y saca el conflicto de la situación. Reírse es disfrutar de la vida. Yo soy feliz. No siempre, pero trato. Y me gusta hacer reír a la gente. La risa nos saca de la cotidianidad. Es como osar pecar sin culpa.


En definitiva, escuchar a Marilú Marini me gustó.
En el zoom entrábamos pocos y la teníamos muy cerca, así que se sintió muy personal.

Sin embargo, la charla fue considerablemente más corta de lo que esperaba. Aún así, puedo afirmar que Marilú es una persona muy dulce y simpática, nos hizo reír en más de una ocasión y podríamos haber seguido escuchándola mucho tiempo más.

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Dolo Bolo
Tengo veintipico. Me jacto de capa, pero me caigo seguido por las escaleras. La risa, la escritura, los perros y la Coca light me son todo. Potterhead a morir.