Si uno dice década de los 90, dice series ¿Por qué? Para mí, porque durante esa década se hicieron las mejores series.


Soy una convencida de que tendría que haber nacido en otra época. Y eso es porque escucho música de los 70 y 80, y prefiero las series de los 90. No sé si porque es lo primero que vi en mi vida o porque si desde chica me interesa el tema de las tramas y personajes. Pero lo que sí sé es que no volverá a haber series como las de los 90.

Tramas simples, personajes fuertes. Mundos diversos, originalidad en los relatos. Historias sociales, historias personales, todas mezcladas con magia. El mundo de las series de los 90 es un mundo aparte. Y quise traerles un pedacito de aquello que lo compone. Y que me compone.

90210 Beverly Hills (1990)


Con el sello de Aaron Spelling (al que ya le dedicaré una columna exclusiva porque lo amo), Beverly Hills 90210 no sólo me enseñó el código postal de Beverly Hills, sino también que las escuelas estadounidenses tenían una forma de manejarse bastante particular y que el amor imperfecto existía.

Beverly Hills empezaba con una familia de Minnesota que se iba a vivir a Beverly Hills por el traslado del jefe de la familia. Digamos, el ver cómo cambia de postal una familia entera y cómo se adapta a la nueva “civilización”. Pero lo más atractivo de esta serie no sólo era el cambio, sino observar los comportamientos casi estereotipados de los protagonistas: Brenda (Shannen Doherty) y Brandon Walsh (Jason Priestley). Además de tener nombres parecidos, eran hermanos mellizos ¡Y se metían en cada quilombo!

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A esta serie la enganché, no recuerdo por qué canal, pero fue allá, a mediados de los 90. Yo crecía entre muñecas y libros, y de repente, llegó 90210. Lo que más recuerdo es la pareja de Brenda y Dylan (Luke Perry).

Se nota que desde muy chica me gustó el melodrama, porque lo que más me acuerdo es de la parejita de los chicos, que iban y venían, que se odiaban de a ratos hasta que, por fin, se besaban. No eran un amor de cuentos de hadas.

El Fantasma Escritor (1992)


El que niega haber escuchado de esta serie, es porque no creció ni en los 90 ni mirando Discovery Kids. Personalmente, me obsesioné muchísimo con este programa. Si hasta jugábamos en la escuela a ser el equipo del Fantasma Escritor.

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El equipo estaba formado por Jamal, Lenny —la que todos queríamos ser—, Alex y Gabi. Luego se sumaron Tina, Rob, Héctor y Casey.

Siempre elogié la integración que mostraba este equipo de culturas integradas sin ningún problema, en una época en la que la discriminación era un tema que preocupaba muchísimo a los Estados Unidos.

Nunca nos preguntamos demasiado acerca de la verosimilitud ni nada por el estilo. Como espectadores aceptamos las reglas de creer que el Fantasma Escritor existía y que se podían resolver casos con su ayuda. Realmente una inocencia envidiable. Hoy, los ghost writers somos muchos y no podemos resolver nada.

Los Expedientes Secretos X (1993)


Esta serie la incluí porque me amenazaron si no lo hacía (?), pero reconozco públicamente que no es de lo que más vi en los 90. Pero, aún así, no podemos negar el gran éxito de Los Expedientes Secretos X, para lo que sólo hace falta observar los 9 años que duró esta serie en el aire.

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Gracias a esta serie, desconfiamos de cada persona que tiene un comportamiento extraño: Son todos extraterrestres. Además, supimos a qué se dedicaba el FBI en sus tiempos libres y, sobre todo, que la tensión sexual dentro de una serie puede quedar sin resolver durante muchas temporadas. Porque eso es, inevitablemente, lo que tenían Mulder (David Duchovny) y Scully (Gillian Anderson), además del talento innegable para resolver casos complicadísimos (bueno, no siempre).

La Niñera (1993)


Con su vocecita particular, la Nana Fine se coló en cada tarde. Y, personalmente, se sigue colando cada mañana por Telefé. Una vendedora de cosméticos que se transforma en la niñera de una familia muy especial, la familia Sheffield. Y así ingresa a un mundo al que siempre quiso pertenecer.

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Pero más allá de la Nana Fine, me encanta destacar la importancia de los personajes que, en un principio, parecen chiquitos, pero que luego se hacen inmensos, como Niles, el mayordomo metido que es el corazón de la casa.

Niles es como esos amigos que te acompañan durante toda la vida: Si te peleás con ellos, tenés que matarlos, porque saben demasiado de tus cosas. Niles es precioso y mantiene todo el tiempo la línea de humor de la serie. Y por eso es precioso. Ni hablar del bullying gratuito hacia CC Babcock —y que ella devolvía— con la cual, mientras avanzan los capítulos, empieza a notarse la real intención de ese bullying mutuo: La atracción (No estamos justificando el bullying, calma).

Friends (1994)


Es un clásico que se mantiene vigente a pesar del paso del tiempo y de las distintas caras de Courteney Cox. Muchos crecimos viéndola y conociendo los rincones de Nueva York, amando el sillón naranja y la cocina de Mónica, donde seis amigos pasaban mucho tiempo juntos.

Casi ni recordamos de qué trabajaba Chandler, pero sí que Ross y Rachel estaban “on a break”. Esta serie, a mí al menos, me hizo querer compañeras de casa como Rachel y Phoebe y un amor tan disparejo como el de Mónica y Chandler. Pero, bueno, soy sola y mis compañeras de piso distaron mucho de Rachel y Phoebe. Sólo una de ellas creo que estaría orgullosa de ser comparada con la locura linda de Phoebe.

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Sabrina, la bruja adolescente (1996)


Puede que yo sea especial, pero quiero un gato como Salem y poder ordenar mi habitación con tan sólo mover un dedo. Y esto es culpa de Sabrina Spellman, la bruja adolescente que, personificada por Series 90 4Melissa Joan Hart, me acercó un poquito a eso de querer tener una familia mágica y de querer cumplir los 16 para que tus tías te contaran que, por arte de magia y valga la redundancia, te habías convertido en bruja.

Más aún, querías hacer las mil travesuras y que siempre tengan una solución “mágica”. Y llegar a la secundaria para pasar la noche en vela estudiando la mitosis y repetir al día siguiente la memorable: “Mitosis es…”. Lo más lindo de Sabrina era que cada metida de pata no sólo tenía una solución, sino una enseñanza. Y hasta nos olvidamos de lo inconsistente que eran sus tramas. Todo valía si era para divertirnos y educarnos sobre lo que podía hacernos el consejo de brujas.

Dawson’s Creek/Verano del 98 (1998)


Dawson’s Creek se trata, para refrescar la memoria, de cuatro amigos: Dawson (James Van Der Beek), Joey (Katie Holmes), Pacey (Joshua Jackson) y Jen (Michelle Williams) que viven en Capeside, un pueblito costero, y que atraviesan sus últimos años de secundaria. Dentro de las tramas se entrelazan amores, amistad, problemáticas sociales y de la adolescencia. Y Verano del 98 era lo mismo, teniendo a Jose (Marcela Kloosterboer), Juan (Juan Ponce de León), Tomás (Nahuel Mutti) y Violeta (Agustina Cherri). Pongámosle que se desarrollaba en Costa Esperanza, otro pueblito costero y ¡voilá! Dawson’s Creek tuvo seis temporadas y, por suerte, Verano del 98 duró sólo tres.

Series 90 8Reconozco haber visto tanto Dawson’s Creek como su copia argenta Verano del 98 a escondidas de mis papás. Por aquellos tiempos tenía 10 años y se trataban “temas de grandes”. Mentira, se trataban temáticas simples, pero los protagonistas eran “grandes” y eso, en mi casa, no era un dibujito animado didáctico, así que no se veía.

El caso es que a Dawson’s Creek la daban por Sony y en ese entonces Sony tenía grandes series. Me quedé delante del televisor cuando vi una escena que, hasta el día de hoy, recuerdo: 

Dawson y Joey hablaban de qué pasaría si alguno de los dos muriera y cómo reaccionaría cada uno con la muerte del otro. Hasta ese momento, Dawson era el mejor amigo de Joey y recuerdo algo así como que Joey le preguntaba si lloraría en el caso de que ella muera. La respuesta de Dawson fue “Yo no sé lo que haría, es la peor desgracia que puedo imaginar”. Ahora que lo pienso, hablaban de la muerte y, para mis 10 años, fue un poco mucho. Pero, aún así, Dawson’s Creek era tan blanca que atraía por muchos lados.

Charmed (1998)


Mi serie favorita por siempre (que no les extrañe que retome esto en otro momento.)

No sé si fue eso de querer tener hermanas mujeres o si la trama salía de lo que venía viendo. Pero Charmed me conquistó en un solo capítulo: Me tenía cada martes frente al televisor. Primero, por ser otro producto de Spelling. Segundo, porque se nota que siempre me atrajeron los personajes femeninos no-tradicionales.

A partir del reencuentro de Piper (Holly Marie Combs) y Prue (Shannen Doherty) con Phoebe (Alyssa Milano) y a raíz de la curiosidad de la última, las tres hermanas descubren que son parte de una profecía que les propone un nuevo destino: Ser “The Charmed Ones”, es decir, tres hermanas brujas re poderosas que luchan contra el mal en todas sus formas y protegen a los inocentes. Se unen a través de un Libro de las Sombras, que contiene mágicamente todo lo que necesitan para esta lucha. Y para conocer su nueva realidad.

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Más allá del mundo fantástico que se cuela en el real, me encanta (la vi quichicientas veces) que las historias sociales y personales se unan de forma tal que muestran el equilibrio que logran las chicas para cumplir con su destino y, además, tener vidas propias. También suma el hecho de que son mujeres y no se la pasan llorando y corriendo detrás de los hombres. Capaz porque tienen que “salvar el mundo”. Pero, en una sociedad patriarcal, la familia Halliwell mantiene el apellido por línea materna y la mujer es la que salva el día.

Siguiendo la línea melodramática, culpo totalmente a esta serie por mis altas expectativas en cuanto a los hombres. Piper estaba en pareja con Leo, el ángel-guardián-guía-blanco-y-sanador de las hermanas ¿Cómo podés encontrar un tipo así en la vida real?

Universo de series, las culpables de mis elecciones


En este universo bien variado crecí. En este mismo universo, descubrí que quería ser guionista y escribir aunque sea una partecita de lo bien que estaban escritas (a veces más, a veces menos) estas series.

Gancho: Todo lo que sé sobre la vida me lo enseñaron Gilmore Girls y Charmed. Será motivo de otra columna, pero quiero hacer una alusión especial al sarcasmo de Piper. Estoy orgullosa de decir que lo envidié toda mi adolescencia.

De todas estas series estoy hecha. De hecho, soy cocinera gracias a Piper y Mónica. Soy columnista gracias a Phoebe. Tomo malas decisiones amorosas como Rachel, Ross, Chandler, Joey y Dawson. Soy una mezcla de todo esto y cuando muevo un dedo como Sabrina, la habitación no se ordena, pero la limpio tan obsesivamente como Mónica.

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Mauge Sologuestúa
Toda santafesina. Sensibilidad e ironía. Seriéfila por elección, escritora y lectora por atrevimiento; y cocinera de profesión. Los lentes y el café me hacen ser persona. Hago de tripas corazón. No sé combinar la ropa, ni dejar de comerme las uñas.