Prestar libros
Imagen: Comunidad Baratz

Imaginate que es un sábado a la noche. Vinieron unos amigos a tu casa y para cuando te diste cuenta, hay algunas personas que ni conocés.

En un momento, una amiga del primo de tu amigo te dice “¡Oh, un libro de Pablo Neruda! Me encantan sus libros… ¿Me lo prestás?”. Tenés ganas de decirle “Y… La verdad que no ¿Te arrancarías un brazo para prestárselo a alguien que no conocés? ¿No? Yo tampoco”. Pero no te sale, te cuesta decir que no. No es de tus libros favoritos, así que terminás cediendo y le decís “Bueno… Traemeló cuando lo termines”.

Y ésa es la última vez que vas a ver tu libro, ya que no va a volver ni de milagro.

¿Cuál es el problema de prestar libros?


Antes que nada: Si de verdad apreciás tus libros, NUNCA SE LO PRESTES A UN DESCONOCIDO. No se sabe qué puede pasar. No tiene por qué ser con mala intención, pero es muy probable que a la otra persona se le olvide que le prestaste el libro o que ni sepa quién sos. Y, capaz, tu amigo deja de hablarse con su primo, así que no podés hablar con el primo de tu amigo para que le diga a su amiga que te devuelva el libro. Típico.

Aunque sea un amigo, tenés que tener cuidado: Pueden quererse desde chicos, puede que tengan mucha confianza, pero si es alguien irresponsable o descuidado, no va a ser buena idea. Tenés que estar seguro de que sea alguien que lo va a cuidar; en lo posible, un lector que también valora mucho sus libros y no se le ocurriría jamás hacer alguna atrocidad, como doblar o manchar las páginas.

Cuando prestás un libro
Imagen: Libros con Huella

Y es que prestar un libro puede ser hermoso, como un ritual. Es como presentarle un amigo a otro amigo. Es lindo, puede ser el comienzo de una maravillosa relación. Pero no podés presentarle un pretendiente a una amiga, sabiendo que sujeto en cuestión siempre promete y no cumple nada… Bueno, no es el mejor de los ejemplos, pero, en fin, me parece horrible la idea de prestar un libro para que lo terminen dañando y probablemente ni siquiera se hayan tomado el tiempo de leer una sola hoja.

En conclusión, prestar libros no es malo. Es lindo compartir con otra persona un libro que te gustó, que te hizo viajar a lugares maravillosos y conocer personajes de lo más interesantes. Pero si no conocés bien a esa persona, mejor ofrecele una revista o algo para que se entretenga. Si decidiste arriesgarte y te lo devuelve en buen estado, pasa la prueba y podés estar más tranquilo para la próxima. Si no te lo devuelve o, lo que es peor, lo arruina, anotás su nombre en la lista negra de personas non-gratas.

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