Olvidar las llaves

¿Dónde deje las llaves? Estoy buscando hace unos quince minutos y tengo que ir a cursar, y si mis cálculos no me fallan, voy a llegar tarde, mi memoria y yo, yo y mi memoria…

Sí,  soy de las personas que, cada vez que tienen que tomar el transporte público, registran los bolsillos del jean, la campera, la cartera, la mochila, según el caso, para encontrar la tarjeta SUBE o, también, para encontrarme con que la dejé en mi casa. Soy distraída para situaciones cotidianas.

Tengo una excelente memoria para recordar detalles de algunas situaciones vividas. Recuerdo, no de memoria, pero sí cuándo comienzo el párrafo, si un libro lo leí o no, incluso recuerdo su historia, pero me es imposible recordar título o autor y menos relacionar ambos.

Un estudio llevado a cabo en Alemania descubrió que el 75% de las personas encuestadas sobre el tema del olvido y las distracciones tenían una variación del llamado gen receptor de dopamina1, lo cual las hacía más propensas a olvidarse las cosas. También puede deberse a otras decenas de variaciones genéticas. El estudio se basa en quinientas personas a las que se tomó muestra de saliva.

Sé que no soy la única, he visto vinilos, calcos y cuadritos para poner cerca de la puerta con las cosas que hoy no debemos olvidar: Llaves, celular, auriculares, anteojos, billetera, cada vez son más. El tema es qué hacemos con las acciones que no son objetos: Apagar la hornalla, cerrar la llave del gas, desenchufar ciertos aparatos… ¡Cerrar con llave!

Y lo peor es si la duda sobre estos últimos te asalta cuando estás lejos de tu casa. Ante tus ojos aparece tu casa desvalijada o incendiada, hasta que recordás el proceso e intentás convencerte de que va a estar todo bien.

Una vez le pedí al encargado del edificio que corte la luz de mi departamento, porque no recordaba haber desenchufado la plancha (la había desenchufado, pero hasta que no volví y lo comprobé, no me quedé tranquila).

Igual, el mejor estado es el de ignorar que olvidamos algo. Si olvido la billetera con el carnet de conductor, documentos, tarjetas y plata, viajo a treinta kilómetros de mi casa y me doy cuenta recién cuando vuelvo, me río de mí misma y suspiro aliviada de que no me hayan parado en ningún control policial, porque cómo explico que a último momento decidí cambiar de cartera y, como soy distraída, me olvidé la billetera.

Otra razón que puede explicar estas situaciones es la ruptura entre atención y memoria cuando no logramos activar nuestra memoria para codificar lo que estamos haciendo o para acceder a ese recuerdo. Cuando codificamos, el hipocampo2 hace una “foto del momento” que guarda en las neuronas para ser activadas con el estímulo adecuado.

Y me sigo preguntando: ¿Dónde están las llaves? Porque ya salgo dieciocho minutos tarde y mi casa parece haber sido desvalijada en mi afán de encontrar la llave y las explicaciones científicas no me dan la respuesta: Hacerme un estudio genético no sería práctico en este momento y se ve que mi hipocampo sacó foto a otra cosa y no de dónde fue que dejé las p*tas llaves (ya me fijé y no, no están puestas en la puerta, ni arriba de la mesa, ni en ningún bolsillo de campera, cartera, mochila o jean).

Dejas las llaves

Y así voy, olvidando mi clave de e-mail, la factura de la luz, el departamento donde vive mi amiga. También, a la par voy creando reglas nemotécnicas: “Departamento C, de Casa”, me hablo en voz alta para recordar “Desenchufé la plancha”, trato de dejar las cosas siempre en el mismo lugar. Por ejemplo, las llaves puestas en la puerta. Puedo recordar con exactitud 3,14159265359 hasta ese último nueve, pero no dónde dejé la llave.

Como esto no da para más, porque ya son veinte los minutos de retraso, decido concentrarme y reconstruir el hecho con la mayor cantidad de detalles, como si fuera Sherlock Holmes:

Ingresé a mi domicilio a las quince horas, giré la llave, llevaba en una mano la carpeta, el celular, las llaves del auto. Con la otra mano levanté las bolsas con compras que había dejado en el piso y cerré la puerta con el pie, mientras saludaba a mi perra, que me recibía emocionada por mi regreso. Apoyé la carpeta, el celular y las llaves del auto sobre la mesa y ahí están, salvo el celular, que está en mi bolsillo. Las bolsas las dejé en la cocina y luego guardé las compras en la alacena, mientras conversaba con mi perra, pero no, no aparece un solo recuerdo de las llaves. Hasta que, de repente, como iluminada, llego a la puerta del departamento, la abro y allí están, relucientes, brillantes con un rayo de luz que las ilumina, del lado de afuera de la puerta, puestas como las dejé yo, las llaves que hace veinte minutos busco.

1Dopamina: Neurotransmisor que está presente en diversas áreas del cerebro y que es especialmente importante para la función motora del organismo.

2Hipocampo: Prominencia encefálica situada en la pared externa de los ventrículos laterales del cerebro que desempeña, principalmente, funciones importantes en la memoria y el manejo del espacio.

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