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Fotografia: Exequiel Gonzalez

Después de quinientos kilómetros de viaje y varios “Ma, cuanto falta?” de por medio, llegamos a Federal, una ciudad de Entre Ríos que fue fundada en 1880 por José Francisco Antelo y que, según el censo realizado en 2010, cuenta con 18.015 habitantes y, por supuesto, miles de historias por conocer.

Federal es un lugar mágico. Al llegar sentís tranquilidad y entrás en un estado de serenidad. Te desconectás del ruido violento y continuo de la urbe, no se escuchan bocinazos impacientes ni gritos de conductores enojados. Ves a quienes caminan: Pareciera que no tienen un destino concreto, nadie está apurado, no hay estrés en sus rostros.

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Fotografía: Dalma Galvez

Esta ciudad se encuentra en el centro norte de Entre Ríos, a 200 kilómetros de Paraná, en el corazón de la Selva de Montiel, rodeada de montes tupidos de ñandubay, espinillo y palmeras yatay y caranday, y bosques artificiales de eucalipto. Limita con las ciudades de Feliciano, Concordia, Federación, La Paz, Villaguay y San Salvador.

Familias enteras se sientan en cómodos sillones en las veredas, comparten charlas amenas con la infaltable compañía del mate, que pasa de mano en mano. Mientras, otros caminan hacia el camping, con la jarra del mate tereré llena de hielo y una bolsa de semillas de girasol. El camión de agua riega las calles de ripio y deja con su huella el característico olor a tierra mojada.

Plazoleta de los estudiantes
Plazoleta de los estudiantes. Fotografía: Turismo Federal, en Facebook.

Cada año es sede de la Fiesta Nacional del Chamamé, que es uno de los eventos más populares y convocantes del Litoral. Son tres noches en que la ciudad se tiñe de alegría y baile al ritmo de reconocidos artistas nacionales y locales. La cita es en el grandioso anfiteatro Pancho Ramírez.

Desde su comienzo, en 1976, este festival ha crecido, no sólo en cuanto a la magnitud del espectáculo, sino también en convocatoria del público chamamecero que disfruta estas jornadas llenas de canciones y mucha poesía.

Un dibujante fue quien creó la caricatura del logo que acompañó en la promoción del festival durante años. En 1981, en la sexta edición del festival, un muñeco igual al del dibujo y del tamaño de un hombre apareció sobre el escenario tocando, mediante movimientos mecánicos, un chamamé. Esa misma noche fue bautizado como “Cachencho”. Así se convirtió en una leyenda que tiene que ver con el folklore lugareño. Poetas y músicos dedicaron a este personaje su inspiración.

cachencho
Fotografía: Pablo Marcelo Arellano Herrmann

Cada vez que voy de vacaciones, esta ciudad me conquista aún más. La gente que la habita es sencilla, para nada pretenciosa. Todos se saludan con todos, nunca falta el “adióoos” de quienes pasan a tu lado, ya sea en bicicleta o simplemente caminando. Si un vecino tiene un problema, se convierte inmediatamente en un problema de todos los de la cuadra. Los amables federalenses y sus buenas actitudes, además del municipio que se encarga de que todo siempre esté limpio, organizado  y en condiciones, hacen que pasar unos días allí se convierta en un gran placer.

Cierto día pasamos toda la tarde en la vereda, se hicieron las 20:30 y mis papás entraron a casa a cocinar. Ante esto, con mi hermana empezamos a guardar todos los sillones que habíamos usado. “Gurisas, dejen todo afuera que en un rato salimos devuelta” nos gritó mi abuela Chola desde el living. Medio asombrada le pregunté si estaba segura, a lo que me contestó que sí.

En ese momento entendí que, en cuanto a inseguridad, entre la Ciudad de Buenos Aires y Federal no había ni medio punto de comparación. Y esto es, sin dudas, lo que más admiro y envidio (sanamente) de ellos: Que pueden salir a pasear, tanto de día como de noche, sin miedo. Los más chicos pueden ir solos hasta el colegio y a la tarde juntarse con sus amigos del barrio a jugar a la pelota. Todo esto, sin que su madre tenga que preocuparse por si están bien o no.

Es una noche fría, las ramas de los árboles se mueven con elegancia y se siente ese suave olor a humo producido por las estufas a leña que hay prendidas en el barrio. Camino por el Bulevar Urquiza. A lo lejos, se escucha el pasar de los camiones por la ruta. De repente, recuerdo una frase que me dijo hace un tiempo un conocido de Federal: “Jamás abandonaría mi pueblo”. Miro a mi alrededor, sonrío y pienso que, si yo viviese allá, tampoco lo dejaría.

La fotografía usada en la imagen destacada pertenece a Exequiel González. 

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