Edipo 1 - Madre

El título de esta nota sería digno de una placa roja de Crónica TV, pero no: Es noticia vieja, retorcida y contada cientos de veces. Los pobladores de la antigua Grecia ya conocían historias así y las disfrutaban a través del teatro popular hace alrededor de 2500 años. En este caso, la crónica es “Edipo Rey”, uno de los best-sellers de Sófocles.

La historia de este infeliz —el rey de Tebas que desconoce su verdadera identidad— es una de las piezas más famosas de la Antigüedad europea y todo el tiempo salen nuevas versiones. Uno de los rasgos más originales de “Édipo”, la obra representada por la Companhia Do Chapitô (Portugal), quizás sea la elasticidad con la que convierte una tragedia griega en una comedia contemporánea que ridiculiza las desgracias familiares, los dioses y el incesto.

La trama del Edipo portugués descomprime y resignifica esta forma de contar la historia del niño de los “pies hinchados” (eso significa su nombre). Hay un oráculo canchero que anuncia un embarazo y un crimen político que los padres —Layo y Yocasta, sí, así se llamaban estos reyes— rechazan con risas hiperruidosas una cirugía estética que llega a camuflar las patas chuecas del chaboncito y los efectos sonoros a pulmón que hacen de goma el escenario.

Actores con identidades enredadas


Los tres actores interpretan a una docena de personajes humanos, sin contar el ganado ni la cumbre parlante de un monte ni a Polígrafo, el perro ciego de Tiresias. Es una obra de enredos, en la que lo sexual se ve atravesado por acertijos relativamente indescrifrables, dudas acerca de la identidad y la escalofriante presencia de, por un lado, monstruos míticos y, por otro, la monstruosidad que es propia de los seres humanos, siempre latente.

Las preguntas de Edipo
“¿Quién soy?”, la angustiosa pregunta de Edipo. Foto: Companhia Do Chapitô.

“¿Sos mi tío o sos mi cuñado?”, le plantea Edipo a Creonte en un momento de profunda confusión en la que éste se ríe al sacar otra curiosa conclusión: Edipo es padrastro de sí mismo por haberse casado con su mamá —quien se asusta al pensar que ya es abuela al ser la madre de sus nietos.

Después de todo, hacerse preguntas sobre el teatro en el que transcurre la propia vida de todos nosotros no es tan trágico como lo quiso mostrar alguna vez el gran Sófocles. Es cierto que también hay telones que conviene mantener ocultos para hacer perdurar algún tipo de orden, pero esas decisiones son demasiado personales. Hay oráculos y destinos que quizás convenga averiguar y desactivar cuanto antes y si es con humor, mucho mejor. Reconocer y reírse más de las propias desgracias que de las ajenas.

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