Pareja y amor

Ya lo habia dicho en su momento Darwin con su teoría de la evolución. Hoy lo digo yo, un don nadie que viene a contarte cómo seguimos en esa línea evolutiva también en las relaciones amorosas actuales.

Diferencias entre hombres y mujeres


En las relaciones amorosas tradicionales se necesitan dos personas. Generalmente, eso puede variar según algunas cuestiones que no vienen al caso, pero en cuanto al funcionamiento de una relación, me voy a tomar el atrevimiento de hacer una brutal comparación de un hombre y una mujer con dos electrodomésticos.

Los hombres somos un aparato simple, de cuatro funciones básicas: Dormir, comer, joder y tener sexo, y cuyo manual de instrucciones tiene apenas una carilla y ni siquiera hace falta leerlo para saber manejarlo.

En cambio, la mujer… Ufff, es como una completísima multifunción con un manual de instrucciones de mil páginas y encima en chino, o sea que nosotros, los hombres, nunca vamos a leerlo ni mucho menos a entender su funcionamiento.

La mujer es racional y reflexiva. Piensa antes de mover la pieza en su juego. Nosotros la cagamos de entrada y cuando queremos reparar la situación, la embarramos más.

“Quedarse al lado de alguien si lo querés de verdad, aunque por ahí esté mal o no sea divertido en ese momento de su vida, eso es el amor.

Yo lo haría. Si yo amo a alguien, estoy ahí. Yo estoy al lado de esa persona pase lo que pase. Pero no encontré mucha gente que sea así”

Luca Prodan

El síndrome de la gata Flora


Hace un tiempo el desarrollo de una relación era simple:

Te gustaba alguien, chamuyabas y si había onda, comías. Si había mucha onda, te ponías de novio, ibas a su casa y el resto de la historieta…

Ahora no. Encarás, si hay onda… comés, pero si hay mucha onda, ¡cagaste! No te da más bola. Y te quedás desorientado porque no sabés si arruinaste todo o no.

Para develar está teoría, estos días anduve por el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas), sí, pero como no me dejaron entrar, voy a citar a otras fuentes.

Según unos bohemios de un bar de la estación, este nuevo flagelo a la raza masculina se denomina “el síndrome de la gata Flora” e imagino que ya sabrán la rima… y es una patología que afecta a la mayoría de mujeres del mundo actual, haciéndolas vivir en la indecisión.

Por ejemplo, después de remarla durante un tiempo con alguien, te cansás y das vuelta la página, intentando escribir otra historia, ¿pero qué pasa? Cuando la que te cortó el rostro se entera, vuelve y se enoja, alegando que sos un cualquiera, un mujeriego inescrupuloso que juega con los sentimientos de todas haciéndoles el mismo verso y vos, mi querido hombre, te quedas sin entender nada.

  • A mí me gusta el que demuestra interés cuando pretende algo conmigo…

¿Cuántas veces lo escuchamos? Bocha ¿Pero qué pasa? Le escribís, la llamás y se enoja porque sos un denso, pero si no le das bola y dejás pasar el tiempo, también se enoja, porque seguramente te estás levantando a otra.

Hay momentos en los que tomás la iniciativa de hacerle un lindo regalo y adiviná…

Sí, a ella no le gusta que la quieran comprar con cosas materiales, pero si no le regalás nada, dice que sos un ratón.

Hay días en los que según la posición de la luna y la alineación de los planetas ella te llama y te dice para salir e, incluso, con mucha suerte te puede hasta llegar un “te extraño” en forma de mensaje de Whatsapp.

Te preparás, vas a la cita con ilusiones y después de haber ideado un re plan en donde la pasan bomba, se ríen, se disfrutan y hacen el amor hasta que el conserje del telo te avisa que se terminó el turno… por ahí no te da mas cabida y no significa que estuviste mal, eh, al contrario, a veces la hacés sentir tan querida que por esa misma razón se aleja.

De esta manera, nosotros entramos en un estado de confusión mental que no podemos resolver.

“Para mí, el amor es el deseo de un bien para otro. Es lo que justifica que podés llamarlo ‘amor’. Y lo he vivido más de una vez en mi vida, porque una cosa es el enamoramiento y la calentura, la fascinación por el otro, la admiración, no es lo mismo que el amor. El amor es desear el bien para el otro…” 

Carlos Alberto “El Indio” Solari

Tiempos modernos


La igualdad, los derechos y oportunidades obtenidas, también el avance del feminismo, han hecho de la mujer un ser fuerte, aguerrido y a veces cruel, también el estancamiento de las cualidades de los hombres termina convirtiéndolas en desconfiadas en cada palabra, gesto o acción.

Este suceso puede llevarme a citar el genial monólogo de Favio Posca “Te quiero como amigo” en donde, básicamente, la mujer en cuestión piropea al pretendiente diciéndole que es el mejor, el más bueno, un lindo tipo, el que más la comprende, la quiere, le hace el amor, pero no. No lo elige a él, sino al peor, a la escoria, al que la maltrata, no la valora y demás.

Por nuestra parte, nosotros, los hombres, con el avance de la tecnología y la facilidad de comunicación que hay ahora, también cometemos errores y seguramente más que aciertos, pero nos aventuramos y hemos tenido que adaptarnos a estos tiempos en los cuales los requisitos para el amor son iguales a hacer un trámite de migraciones y no debería ser así. Tiene que ser un viaje de placer improvisado y contra todo riesgo.

Eso es el amor, el mismo que supe reconocer cuando decidí compartir lo que siento con ELLA, su raye Y YO.

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