Recordamos el pasado 22 de agosto un nuevo aniversario de la masacre de Trelew. Si no estás muy familiarizado con lo que pasó, seguí leyendo: Hoy vamos a repasar este hecho y al final te cuento por qué es importante la memoria.

La fuga


Corría el mes de agosto del año 1972 cuando los presos políticos de la cárcel de máxima seguridad de Rawson tomaron el penal, reduciendo a todos los guardias. Estos cautivos pertenecían a organizaciones de lucha armada, mejor conocidas como “guerrilleras”, y habían planeado la fuga con extrema minuciosidad. Contaban con ayuda externa y un infiltrado entre los guardias que los proveyó de armas, información y uniformes militares.

El plan consistía en liberar a la totalidad de los reclusos, enfilar hacia el aeropuerto, secuestrar un vuelo comercial y escapar todos juntos hacia Chile. Apenas habían conseguido salir de la cárcel, algo salió mal. Los camiones que debían esperarlos afuera del penal malinterpretaron una señal y emprendieron la retirada, dejándolos varados. En el único vehículo disponible, huyeron hacia el aeropuerto los 6 dirigentes principales. Sucedió así porque estaba establecida una escala de prioridad y protección en el caso de que el plan fracasara. Lograron tomar el vuelo como estaba planeado y emprendieron la huida hacia Chile.

Unos minutos después, otros 19 presos consiguieron llegar al aeropuerto, pero pronto descubrieron que el avión ya había despegado. Un momento más tarde, la base aérea fue rodeada por militares y policías que buscaban aprehender a los prófugos. Viéndose acorralados, comenzaron la negociación que tenía como fin último lograr una rendición que garantizara su retorno a la cárcel de máxima seguridad sin sufrir ningún daño. Fue crucial la demanda de garantías a los militares, ya que existían denuncias de asesinatos y tortura en los ámbitos de detención.

El acuerdo tardó en llegar, pero fueron devueltos a sus celdas mientras sus dirigentes asilados en el país trasandino conseguían, por su parte, un salvoconducto a Cuba.

Masacre de Trelew

La masacre de Trelew


Las bases del acuerdo fueron respetadas hasta que se supo en Argentina la noticia del salvoconducto. Finalmente, el 22 de agosto hicieron salir a los presos políticos de sus celdas y los ametrallaron bajo la orden de Luis Emilio Sosa. Horas más tarde esparcirían la versión de un nuevo intento de escape que terminó con los guerrilleros baleados.

Hubo tres sobrevivientes por negligencia de los tiradores o simple azar que pudieron denunciar lo que realmente había pasado. Ellos fueron Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar. Fueron asesinados algunos años más tarde durante el Proceso de Reorganización Nacional que gobernó ilegítimamente desde el año 1976 al 1983.

Muchos interpretaron esta masacre como el primer asesinato a presos políticos de manera sistemática. Si bien no fue el primer acto de terrorismo de Estado, se identifica como una masacre con el fin de imponer el terror, con una clara actitud revanchista contra los dirigentes revolucionados que habían conseguido escapar en particular y como mensaje a las agrupaciones opositoras en general. Los regímenes militares siempre plantearon escenarios de encarcelamiento y asesinatos por motivos ideológicos a movimientos sindicales, estudiantiles y organizaciones políticas. Nos muestran la cara más atroz de la operación Cóndor.

La importancia de la memoria


Las prácticas estatales relacionadas al orden que no están enmarcadas estrictamente por los derechos humanos son peligrosas. Ya sabemos de qué se trata, la historia puede servirnos como herramienta para comprender el mundo en el que vivimos y las aristas positivas y negativas del poder.

Es importante que lo recordemos cada vez que alguna institución intenta limitar el derecho a la protesta y emplea la violencia para neutralizar compatriotas. El consenso y la unidad no se logran a palos. En una Nación democrática no tenemos por qué temer a nuestras fuerzas. Es crucial que nos defendamos entre nosotros, persigamos nuestros intereses conjuntos, entendiendo la organización como camino para alcanzar la conquista de derechos.

La memoria es un deber cívico para no repetir lo que ya aconteció. Necesitamos oír los testimonios, las experiencias de lucha, visitar los espacios que siguen en pie de un pasado oscuro. Tener en claro qué no queremos como sociedad para avanzar en prácticas sociales sanas y positivas. Distinguir en la política la mano invisible de los intereses de los grandes conglomerados económicos. Encontrar nuestra posición con respecto a las desigualdades y la violencia.

Es nuestra responsabilidad instalar en la memoria colectiva valores de derechos humanos, de democracia y de paz social.

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