Ir al baño puede ser incómodo por varios motivos. O porque estás de viaje, o porque recién empezás una relación o porque, a pesar de ser itinerante, nunca te acostumbraste.

Esto no es un manual de instrucciones para ir al baño, sino más bien un intento de mejorar la calidad de tus momentos. Porque los momentos no se pueden disfrutar cuando la cabeza está ocupada pensando en cómo hacer para sacarte un peso de encima, ¿no es cierto? Cuando hay algo acumulado, molesta. Esto aplica para las palabras no dichas, para los papeles que se guardan sin sentido y… para la caca.

Sin caer en las vulgaridades —y eso que cargo con un diccionario personal de expresiones tan ordinarias que podrían sorprenderlos—, vamos a tratar de ponernos en la cola del otro para compartir ciertas situaciones que han sido acumuladas en tantos años de mates y cervezas con amigos, anécdotas familiares y campamentos con letrinas. Y de las que hemos aprendido.

Ir al baño, una cuestión natural


Ir al baño es una cuestión natural y normal. Salvando algunos casos que deben consultar al médico, todos vamos al baño. Y es muy importante empezar a dejar de lado el quilombito mental de “si no es en casa, no voy al baño” ¿Por qué? Muchos médicos y publicaciones han advertido acerca de las consecuencias que trae el no poder ir al baño fuera de casa, ya sea una constipación leve o una complicación que lleve a la cirugía intestinal.

Una artista italiana retrató a líderes mundiales en el baño. Imagen: El Comercio
Cristina ‘Krydy’ Guggeri retrató a líderes mundiales en el baño. Imagen: El Comercio

Pero aquí no vamos a hablar tan en serio como para dar cátedra acerca de cómo ir al baño fuera de tu casa, sino que te vas a encontrar en las situaciones y tal vez te sirvan para reírte y para, por algo se empieza, notar que todos vamos al baño. Hasta la Reina de Inglaterra.

Ese fatídico fin de semana


Planificaste la escapada ideal de fin de semana. Preparaste un bolso, el equipo de mate y zarpaste. Te vas a quedar en la casa de la tía Pochi, esa tía que en realidad no es tía de sangre y que nunca viste, pero que es la amiga de tu mamá de toda su adolescencia. No pensás demasiado: Viajás. Es gratis el alojamiento, sacás la cabeza del trabajo un rato y conocés otro lugar saliendo de tu zona de confort.

Aguantar las ganas de ir al baño puede ser realmente terrible. Imagen: Curioso Dato
Aguantar las ganas de ir al baño puede ser realmente terrible. Imagen: Curioso Dato

Pero tu zona de confort también incluye un inodoro, además de las cuatro paredes que invitan a la privacidad de ese momento del día. Tenés todo un fin de semana con los guisos de lenteja de la tía Pochi, una que otra salida a comer en un bonito restaurante y los mates de cada ratito de charla. Y todo lo que entra, quiere salir, por supuesto.

Ahí te encontrás con la realidad de “no hay lugar como el hogar” y tenés que hacer de tripas corazón para encontrar un momento del día en que tu mente esté preparada completamente para la tarea de ir al baño en una casa ajena.

Te encontrás yendo al baño a las 4 de la mañana cuando la tía duerme y cuando escuchás los ronquidos que pueden tapar cualquier ruido. Te encontrás con auriculares con música fuerte y mirando Instagram para no pensar en nada relacionado a la hazaña que estás llevando adelante: ir al baño fuera de tu casa.

El primer encuentro con las miserias


Las primeras veces vienen cargadas de un halo especial. Y las primeras veces que dormís con tu pareja, también. Hasta que algunas situaciones cotidianas se normalizan, hasta que aparece el primer pedo o el primer eructo, todo parece de cuentos de hadas ¿Por qué? No lo sé, pero es algo importante evidentemente para las parejas comunes.

Puede que a alguno le haya pasado el temer hacer ruido cuando va al baño o tiene miedo de que el otro sienta olores. Les tengo una primicia: Nadie tiene olor a flores cuando va al baño. Si esto sucede, es porque es de otro planeta.

El primer viaje, la primera noche y...la primera vez que fuiste al baño estando con tu pareja. Imagen: Boschce
El primer viaje, la primera noche y… la primera vez que fuiste al baño estando con tu pareja. Imagen: Boschce

Esta información se la debo a mis amigas: Para ayudarte en esos momentos, siempre es bueno tener fósforos o tirar la cadena inmediatamente después de hacer caca. Digamos que eso es para impedir el olor. Y si temés que se escuchen ruidos, abrí la canilla mientras tanto… Es terrible el desperdicio de agua, pero te vas a sentir un poco más seguro/a (?). Y, ojo, que también puede servir eso de entrar al baño con el celular… Ponés música y evitás que se escuche algo. Corrés el riesgo de que crean que estás loco, pero bueno… Al menos no escucharon los pedos.

Ir al baño cuando la vida es al aire libre


En la vida no sólo existen las comodidades para abandonar la casa e ir de vacaciones. Muchos de nosotros elegimos ir de campamento, ya sea en grupo organizado o en soledad. Y precisamente en la vida al aire libre también extrañás el baño, además de tu cama y la almohada.

La adrenalina de salir cada verano de campamento era brutal cuando integraba las Guías. Esperábamos durante todo el año para poder hacerlo, así que muchas emociones se cruzaban al momento de subir al micro y partir. Pero al cabo del primer día de campamento, entendías que esa alegría de acampar tenía unos puntitos negativos… Y uno de ellos era el baño.

Las letrinas de campamento pueden llegar a salvarte la estadía. Imagen: Baño Exterior
Las letrinas de campamento pueden llegar a salvarte la estadía. Imagen: Baño Exterior

Los mayores a cargo del campamento usualmente pasaban gran parte del primer día construyendo las letrinas y durante ese día el baño era el campo. A pesar de la inmensidad, también era imposible ir al baño.

Cuando la letrina estaba terminada, ibas al baño sin pensar demasiado. Eso sí, como los inodoros eran de lata, elegías cuidadosamente en qué momento del día sentarte al trono improvisado. Si lo hacías durante la siesta, corrías el riesgo de quedarte pegada… y no de manera eléctrica, sino por la temperatura que tenía el artefacto.

También, según testimonio de mi padre, que estuvo en el sur durante seis meses con el ejército, hay veces en que, cuando el campo es tu baño, te las ingeniás. Su cuadra, por ejemplo, había inventado un baño cavando un pozo y creando un inodoro con una silla desarmada. O los esquiladores de ovejas que los acompañaban, tenían dos troncos en forma de tranquera para poder tener un poquito de comodidad. La creatividad a la hora de crear puede ser asombrosa.

A veces, el ingenio para lograr una comodidad a la hora de ir al baño es sorprendente. Imagen: Hasmugrupu
A veces, el ingenio para lograr una comodidad es sorprendente. Imagen: Hasmugrupu

Puede que alguna de todas estas situaciones te haya tocado. O tal vez te hayan sucedido otras. Pero sé que cada vez que vayas al baño, te vas a poner a pensar en alguno de estos párrafos y agradecerás estar sentado en tu trono.

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