Medialunas
Medialunas

El otro día, mientras estaba parado frente a la vidriera de la panadería y veía el vaporcito de las medialunas recién hechas elevarse, me reprochaba el haberme gastado mis últimos pesos en historietas.

Así que apenas llegué a mi casa, frustrado conmigo, por esa y varias razones que aparecieron en mí por cosas que hice en el 2009, agarré mi computadora, busqué las palabras: “Recetas de Medialunas” y tuve 143 mil resultados en medio segundo.

Leí un par. Me encontré con un mar de pesos, medidas y porciones. Todo decorado con fotos bellísimas del producto final, porque, al final, es un producto, no un placer y yo quería eso, un placer, algo para disfrutar.

Así que después de mucho buscar, terminé enojado y enviando un mensaje a una amiga. Yo sabía que su mamá sabía hacer, que ella iba a poder ayudarme. Le pedí que me pasara la receta lo más linda posible. Y lo hizo.

Ahí, mientras estaba parado frente a la heladera leyendo lo que me había enviado, sabía que era algo que tenía que compartir con ustedes.

¿Por qué? Bueno, eso lo veremos al final.

Receta para hacer medialunas caseras


Primero, la receta de “La mamá de Melli” ( la llamo así hace unos 4 años y siempre será así) es un poco distinta a las que estuve viendo, y cuando algo es distinto, hay que probarlo, si no de que sirve.

Para empezar necesitamos:

  1. Harina 0000: 1 kg.
  2.  Levadura: 50 gramos.
  3.  Azúcar: Una taza (250 gramos, aproximadamente).
  4.  Leche tibia: 400 mililitros de la que tengas en la heladera.
  5.  Huevos: 1
  6.  Esencia de vainilla: Una cucharadita.
  7. Manteca: 150 gramos.
  8. Sal: Una pizca.

Un consejo de un “No cocinero”: No vayan a comprar nada de esto un miércoles a las tres de la tarde, porque van a tener que caminar bastante y no creo que todos tengan un “Doña Yolanda” cerca. Volvamos a la receta.

Primero tuve que lavarme las manos. Busqué dos cosas. Una es un lugar con espacio dentro de la cocina. Yo opté por la mesa. Segundo: Tenía que usar un bol. Una vez que conseguí eso, pude avanzar hacia lo que es complicado.

Agarré la harina y la tiré dentro del bol, después puse el azúcar y la sal por encima y lo mezclé todo.

Una vez que todos esos cristales casi invisibles estuvieron mezclados con una montaña blanca de harina, lo volqué a la mesa de la cocina. Le hice una corona, a la que mi novia, que estaba viendo cómo todo cobraba vida, le puso “La Corona de los Siete Reinos”. Hacer una corona, como averigüé después, es hacer un pequeño cráter dentro de la montaña de harina.

La receta decía que tenía que “Tirar todo dentro”. Así que mientras mi novia leía la receta otra vez para entender a qué se refería, yo agarré la levadura, la deshice con el poder de mis manos y la puse en el centro. Esa cucharada de esencia también sintió mi ira y terminó adentro, también la manteca y, al final, corrió entre lo caídos como un río.

Mis manos unieron todo eso con la harina, que fui tomando lentamente de las paredes de ese cráter. Pronto, frente a mí hubo una especie de pre-masa, aunque seguramente no se llama así, a la que amasé y golpeé y le seguí agregando leche hasta que estuvo tierna y suave, como yo.

Una vez que la masa estuvo como quería, la estiré en una fina capa, la corté en rectángulos y de esos rectángulos saqué unos lindos triángulos, los cuales enrollé desde la base hasta la punta y si lo hacés bien, te pueden hasta quedar bien. No como a mí, que me salieron 3 buenos y 32 deformes.

Una vez que usaste toda la masa (y mirá que van a ser muchas medialunas), las ponés en un molde enmantecado y las dejás reposar un ratito.

Ahora estamos casi al final, porque lo que resta es muy fácil.

Con ese único huevo que nos quedó, lo batimos un poco y pintamos las medialunas con él. Cuando era el turno de pre-calentar el horno, no tuve una respuesta clara, ni tampoco en otros lados, pero sí decía que las deje por 25 minutos mientras preparaba el almíbar.

Sí, así como yo tuve otra lista de ingredientes al final de la receta, ustedes también. Acá en “Puntadas” somos perversos. Gracias.

Para el almíbar necesitamos:

  1. Agua: media taza.
  2. Azúcar: media taza.

Así, mientras se hornean, puse el agua en una hornalla y le agregué el azúcar y revolví para que no se haga caramelo. Una vez que el agua se puso de color dorado, la saqué.

Se cumplieron los 25 minutos. Pinté las medialunas con el almíbar y cuando se enfriaron, me empaché. Me comí casi una docena, bah, una docena entera… unas cuatro más. Basta, no me mires así.

Cocinar es algo más que una receta, es una experiencia.

Cocinar no es una “paja”, es un privilegio.

Cocinar, según algunos antropólogos, es lo que nos convirtió en lo que somos ahora.

Cocinar, como lo descubrí mientras hacia todo eso es… un placer.

Un placer que no debe dejarse de lado, porque cuando todo termina y ves cómo la gente disfruta eso que vos mismo creaste, bueno, te sentís bien. Y como eso no hay nada.

Este artículo está dedicado a mi abuela. Porque si hubo alguien que siempre disfrutó, seguro fue ella.

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Nacho Ramirez
Nací con el control de la tele en la mano. Veo películas y series tan seguido que hasta me olvido de que tengo una vida. Soy un eterno enamorado de las historietas y las novelas. Prometí leer la saga de "Canción de Hielo y Fuego" en menos de 5 meses. Hoy puedo decir "Mission Accomplished".