Marilyn Monroe y sus labios rojos

Para sentarme a escribir me pinté los labios de rojo, como no podía ser de otra manera, y también soy hija de una madre que, desde siempre, la recuerdo con los labios pintados de rojo, en sus distintas variaciones ¿Y para cuántas de nosotras, nuestros primeros juegos, fueron utilizar los maquillajes de nuestras madres y poder pintarnos los labios?

“Cuando me quiero sentir arreglada sin esfuerzo, me pongo unas gafas negras y me pinto los labios rojos” Marilyn Monroe.

La barra de labial tal como hoy la conocemos cumplió cien años, pero su historia se remonta a la antigüedad y tuvo tantos renacimientos y significados, como culturas y civilizaciones existieron. En la civilización mesopotámica las mujeres trituraban piedras preciosas para poder teñir sus labios de rojo. Los egipcios extraían tintes de yodo y bromo, ambos tóxicos. Cleopatra utilizaba una fórmula a base de huevos de hormiga, escamas de pescado y mole de escarabajo para crear un rojo profundo. En la antigua Grecia lo utilizaban las prostitutas y en Roma, la clase alta.

En la Edad Media, la Iglesia prohibió pintarse los labios por asociarlos a la hechicería y la prostitución. Luego, la reina Isabel I de Inglaterra impuso la moda de cara pálida y labios rojos carmesí. Hacia 1700, el Parlamento Británico prohibió el maquillaje, comenzando una ley anti cosmética durante los siglos XVIII y XIX. En cambio, en Francia, la reina María Antonieta volvió a imponer los labios rojos incluso para los hombres. Después de la Revolución Francesa, el maquillaje quedó relegado para los actores y los teatros.

María Antonieta
María Antonieta

A fines del siglo XIX, Guerlain comenzó a producir barras de labios, pero no se popularizó hasta muchos años después. Todavía su rol estaba asociado a los actores y a las prostitutas. Con el cine blanco y negro se popularizó entre las actrices para hacer resaltar sus labios en las películas.

Todo cambió cuando las primeras mujeres crearon los movimientos sufragistas en Estados Unidos. Elizabeth Arden participó del movimiento y con intuición empresaria ofreció a sus pares, en su salón de belleza, una barra de labios roja. Con la promulgación de la 19 Enmienda en 1920, se les concedió el derecho a voto y se mantuvo el uso del labial. En 1915 Maurice Levy, desarrolló el receptáculo que permite deslizarlo, haciendo más cómodo su formato, que se mantiene hasta el día de hoy con adaptaciones.

En la Gran Depresión de los años 30, el labial volvió a convertirse en señal de resistencia. En los hogares estadounidenses, a pesar de las condiciones económicas, el 58% de las mujeres poseía al menos una barra de lápiz labial. La venta de éstas se incrementó en un 25% y la industria cosmética se mantuvo vigente.

En la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill decidió sostener la producción de labiales para mantener un efecto positivo en la moral.

En los 60, algunos movimientos feministas se rebelaron contra el uso del labial, por considerar que era el triunfo del patriarcado. Esto no duró mucho y el labial volvió a imponerse hasta nuestros días.

Labial rojo

El labial ha sido tomado como medidor de consumo e indicador en épocas de crisis. Se llegó a hablar del “Índice de Labial Rojo”, término utilizado por Leonard Laudeer, presidente de Estée Laudeer. Según algunos estudios, a medida que aumenta la incertidumbre y los consumidores sustituyen artículos caros por artículos más baratos, en oposición a esto, las ventas de labiales, sobre todo el rojo, se disparan para combatir los malos tiempos.

“La belleza, para mí, es estar cómoda contigo misma. Eso o un labial rojo infartante”. Gwyneth Paltrow

A lo largo de la historia, el labial rojo tuvo sus amantes y sus detractores, y tal vez fue considerado por algunos sólo como un retoque cosmético o un arma de seducción. Sin embargo, forma parte de la lucha de las mujeres que decidieron rebelarse contra lo impuesto por la sociedad. Aún hoy, unos cien años después de la aparición de las primeras barras tal como las conocemos hoy, el labial sigue conquistando a las mujeres del mundo.

Los hombres siguen dejándose seducir por las boquitas pintadas y quejándose por las manchas que dejamos. Esto debe venir desde la antigüedad. Las niñas seguimos jugando a pintarnos los labios con lo que le robemos a nuestras madres, las adolescentes comenzamos con algunos brillitos y cuando somos un poco más grandes, jugamos con distintos colores, bálsamos y demás en nuestra boca, sin faltarnos, casi nunca, un labial rojo que nos levante el ánimo. Y si no lo hicieron, prueben. Van a ver cómo ese solo detalle les cambia el día.

BOQUITAS PINTADAS - LABIAL ROJO

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