Baile folklore argentino, chamigo
Baile folklore argentino, chamigo

Esto quizás pasó hace mucho tiempo o hace no tanto: sólo hay un par de conjeturas confirmadas. Lo que sí se sabe un poco más es que el sol se ocultaba a metros de la 9 de Julio, en el café Sargento Kurtz, donde las luces y las palabras artificiales se encendían más y más. La persona encargada de la Cultura y la mar en coche, mientras tanto, continuaba tejiendo una explicación.

El hombre de provincia lo escuchaba en el molde: ya había tomado café, vinito, ahora feca otra vez. La camisa sudaba como si hiciera calor, debido a que le hervía metafóricamente la sangre por el nuevo desplazamiento. La tanguera se acomodaba el rodete de la alegría y le decía que “todo cambia y la gente ya eligió, viejo”.

Dicho esto, Cultura le agradeció al señor de las pampas su comprensión… ¿Cuál comprensión? Lo único que entiendo es que nos están pisoteando, interrumpió, y la mujer de Buenos Aires le pidió que sacara fuerza patria de lo más profundo. No, señores. Es injusto que maltraten así a nuestros bailes, el folklore, la chacarera… En todo este asunto debe haber un malentendido, sugirió la bailarina porteña. Creo que todos buscamos lo mejor para todos, porque además quienes estamos en esta mesa nos beneficiamos en partes iguales. ¿Otra agua saborizada, puede ser? ¿Para todos?, preguntó el mozo. No, sólo para mí.

Tus bailes, los míos y los nuestros


Al principio costó convencerlo y al final, también. Pasaron las horas, las bebidas, las picadas y daban vueltas en círculos diferentes, como si no hicieran más que bailar cada uno a su ritmo. Del fernet al frenesí de saber que a los turistas les iban a ofrecer el tango como muestra de la argentinidad bailable, mientras que a los otros pibes, gurises, paisanos, el folklore de tierra adentro.

Como conocían al dueño, le preguntaron si podían quedarse hasta que terminaran de dirimir el asunto, aunque eso significara la posibilidad de quedarse encerrados hasta el día siguiente.

Blandieron elogios a la danza propia y bardeos al baile ajeno, extraño, otro. El sentido y contrasentido de cada danza. Quién la tiene más grande a la historia cultural, la tradición. Los colores de los trapos. La modernidad, rescatar lo más nuevo, rescatar lo emergente, evolucionar musicalmente y en las tradiciones. El folklore no va más, no es alegre ni popular. Entonces el tango tampoco lo es. A que sí. A que no. ¿Es mejor la cultura, el folklore, la tradición de la ciudad, el patrimonio? ¿Quién y cómo delimita las fronteras? ¿Hay diferencias o todo da igual?

Era un ping pong infinito para tres. Que el brillo de los salones de tango es más destacable y vendible, que el polvo que se levanta cuando se larga la chacarera en los patios santiagueños es una verdadera fiesta y experiencia única. Pero el baile con polvo queda mal, te ensucia todo. Y el piso es aburrido, duro, insípido.

Los dos bailes son una fiesta, señores, dijo el ente de la Cultura en algún momento de la madrugada, de tan hinchada que tenía la paciencia; somos todos una fiesta, lo nacional, lo internacional, lo marginal, lo comercial, lo artificial… Yo no bailo y para mí es todo lo mismo y se acabó.

Como habrán visto, no pudieron ponerse de acuerdo; de a poco, el ambiente se empezó a enfriar. Sin embargo, antes de despuntar el alba, uno de los tres, no se sabe bien quién, habría iniciado maliciosamente una polémica más: ¿Messi o Maradona?

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