Si un día sin auriculares se convierte en un mal día, si recordás hechos por la música que sonaba en ese momento, si se te eriza la piel con los compases o la melodía, si escuchás música de todos los idiomas y de todas las culturas, si sos el recomendador oficial de música en tu grupo de amigos, si acumulás discografías de artistas (y no escuchás sólo un tema, sino el álbum completo), si confeccionás playlists para todos los estados emocionales posibles, si los acordes de una canción te remiten a otra, o si escuchar música con los ojos cerrados te eleva, sos uno de los cuantos melómanos que habita esta tierra fértil en instrumentos y sonidos.

Origen de la melomanía


¿No sabías que tu condición de obsesivo con la música tenía nombre? Bueno, lo tiene. La palabra “melomanía” fue acuñada por el dramaturgo y músico francés Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, que en 1781 aclaró su origen: melómano proviene de un vocablo griego compuesto por el prefijo melos (“canto”) y el sufijo manos (de donde deriva la noción de manía). La melomanía es entonces, un excesivo gusto y disfrute vinculado a la música.

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El primer melómano del cual se tiene registro es Ludwig Wittgenstein, filósofo británico que en su libro Cultura y Valor se deshizo en elogios (entintados de una pequeña obsesión) hacia el compositor y pianista alemán, Félix Mendelssohn.

Condición de un melómano


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La melomanía es, a mi entender, la más bonita de las manías, porque no es considerada una enfermedad mental ni es peligrosa para el que la “sufre” o para los terceros. El único riesgo sería no llegar a fin de mes con el sueldo por gastarlo en entradas a recitales, discos, vinilos, etc. De hecho, hay casos de personas en coma que reaccionan al estímulo musical, lo cual muestra el beneficio de la música en nuestras vidas a otro nivel. Si te interesa cómo nos afecta este arte a nivel neuronal, el libro Musicofilia, de Oliver Sacks, es de lectura casi obligatoria.

La sed musical es tan frecuente (e insaciable) para los melómanos, que no alcanza sólo con escuchar la misma canción mil veces, sino que tenemos que investigar por reversiones, covers y versiones acústicas del mismo. Acumulamos en nuestra cabeza letras de canciones y melodías con más facilidad que otros e, incluso, algunos tienen mayor facilidad para desempeñarse en el ámbito musical.

La música se convierte en una especie de droga que puede sedarnos o despertarnos, no sólo a nivel físico, sino a nivel mental. Algunas canciones nos parecen creadas para cerrar los ojos y sumergirnos en ellas, disfrutando de cada segundo que dure.

En otros términos, para el melómano la música es alimento y cura para la mente. Y a vos, ¿qué música te eleva de la tierra?

Anexo: De un melómano a otro, algunas de mis canciones preferidas


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En español:

  • Sisters (Divididos, versión unplugged)
  • Ojos de videotape (Charly García)
  • Crua Chan (Sumo)
  • Preso en mi ciudad (Patricio Rey y sus redonditos de ricota)
  • Algo de vos (Las pastillas del abuelo)
  • El duelo (La Ley, versión unplugged con Ely Guerra)

En inglés:

  • What do you want from me? (Pink Floyd)
  • The chain (Fleetwod Mac)
  • Electrical Storm (U2)
  • Girl, you’ll be a woman soon (Urge Overkill)
  • How soon is now (The Smiths)
  • Tender (Blur)
  • Stop Crying your heart out (Oasis)
  • Dice (Finley Quaye)
  • Kashmir (Led Zeppelin)
  • Do I wanna know? (The Artic Monkeys)
  • Prayers for rain (The Cure)
  • Mercy in you (Depeche Mode)
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