Biblioteca
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Una vez leí que, de todas las cosas que hace el hombre, es el arte lo único que perdura para siempre y hace un par de días, me encontré rodeado de esos “Para siempre”.

La vida del guionista, como he dicho antes, lo obliga a uno, por una fuerza mayor indescriptible, a buscar historias. Desde cómo se hacen los churros, hasta por qué la ciudad donde vivo tiene ese nombre. Movido por esa fuerza, me encontré buscando varias respuestas a una sola pregunta. Eso me llevó hasta la Biblioteca de Gregorio de Laferrere, donde me encontré con Adriana, la bibliotecaria.

Ella me explicó que la biblioteca surgió como pedido del Padre López May para que la biblioteca del Colegio Cristo Rey, que él mismo había fundado, perteneciera a la comunidad después de que él muriera. Las promesas hechas jamás deben romperse, así que en 1966, la biblioteca empezó a funcionar para todos.

Adriana empezó a trabajar en 1995 y recuerda que se encontró con filas de personas esperando para entrar. Chicos que traían sus cuadernos o carpetas y se sentaban por horas para hacer toda la tarea del día. Ella me cuenta que era tanta la cantidad de personas que concurría, que tenía una lista de espera de horas, pero aún así la gente hacía largas filas para entrar, incluso en invierno pasaba eso.

Me resultó algo triste escuchar esa historia. Estar sentado con Adriana en medio de una sala vacía y saber que en algún momento de su vida, en medio del silencio de una biblioteca, existía el ruido de cientos de historias pasando al mismo tiempo.

Con el correr de los años, la biblioteca ha tenido que adaptarse a muchas cosas. Hubo una época donde prestaban libros que nunca volvían a los estantes y documentos de esas personas que nunca volvían a sus billeteras. Ahora la biblioteca cuenta con Internet y un proyector provisto por la escuela. Y los alumnos de la escuela son, a pesar de todo, los únicos visitantes de la biblioteca. Chicos que vienen a comer o leer algo por un ratito que tienen libre.

Entre todas las cosas que existen en el mundo, son los libros los que nos muestran cómo somos, pero es el silencio de las bibliotecas lo nos deja ver lo que fuimos.

Antes de terminar la entrevista, le pregunto a Adriana si tiene algún tesoro dentro de tantos libros. Ella me explica que sí: Un pequeño libro infantil sólo de imágenes:

“Sin palabras, porque las palabras las ponemos nosotros”.

La Biblioteca de Gregorio de Laferrere se mantiene a través de los años por varias razones: Por su gente, por lo que significa para la comunidad, por los pocos lectores que van por fuera del colegio o simplemente porque los libros se niegan a morir sin ser leídos una vez más.

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Nacho Ramirez
Nací con el control de la tele en la mano. Veo películas y series tan seguido que hasta me olvido de que tengo una vida. Soy un eterno enamorado de las historietas y las novelas. Prometí leer la saga de "Canción de Hielo y Fuego" en menos de 5 meses. Hoy puedo decir "Mission Accomplished".