Hoy voy a hablarles de algo que seguramente muchos de los que están leyendo esto han experimentado.

Venía transitando el duelo por el fallecimiento de un familiar, cuando en unos de mis días no pude dejar de pensar en esa persona, en cómo estaba ahora, dónde, con quién y todas esas preguntas que generalmente no suelen tener respuesta. Esa noche, aunque estresado, me acosté y concilié el sueño al toque.

En ese sueño volví a situarme en mi habitación, sobre la cama, con la misma ropa, en el mismo tiempo y espacio, pero a diferencia de la realidad, la puerta placa de pino sin barnizar que siempre suelo cerrar para evitar el chirrido de las bisagras estaba abierta de par en par y dejaba ver el pasillo que lleva al baño completamente a oscuras, hasta que muy gradualmente una luz que se fue encendiendo de lado dentro del baño, que también tenía la puerta abierta.

La luz era cada vez más brillante y un ensordecedor ruido de locomotora diesel acompañaba mi experiencia, hasta que vi aparecer (de izquierda a derecha), cruzando la puerta, un tren, como llegando a una estación cualquiera, pero esta vez dentro de mi baño.

Cuando el tren detuvo su marcha, de uno de los vagones bajó mi familiar, sonriente, con ropa nueva y desconocida para mí. Con excelente apariencia y con una voz muy cálida dijo, sin acercarse demasiado:

Hola Beto, vine a decirte que estoy bien donde vivo ahora, ya no sufro más. Allá no hay dolor y no estoy solo, están todos los que ya no estaban con nosotros en casa, quedate tranquilo… te quiero.

Me sonrió una última vez, dio media vuelta y subió al tren, que volvió a retomar su marcha hasta desaparecer.

Desperté con mucha paz y con ganas de saber, por eso me puse a investigar.

Según especialistas, sería fácil pensar que las personas propensas a recibir este tipo de mensajes son solamente personas que están debilitadas, estresadas o muy sensibles, pero no. Es cada vez más común y frecuente conocer casos en donde la comunicación con el fallecido continúa.

Gustavo Yankelevich y la anécdota con su hija, Romina Yan


El productor de televisión Gustavo Yankelevich, padre de la recordada actriz Romina Yan, que murió súbitamente a los 36 años en 2010, recuerda que antes de morir, su hija le había dicho que quería verlo para contarle algo muy importante y nunca pudo hacerlo.

En el primer sueño que él tuvo con su hija después del fallecimiento, ella le presentó a unas personas con nombre y apellido. Gustavo no los conocía.

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Él le contó a Mary, la psicóloga de Romina, y ahí tuvo la primera revelación: “Ella te quería contar que con esas personas haría una obra de teatro”.

“A partir del primer sueño que tuve, me di cuenta que no la había perdido, que Romina estaba en otro plano, en otra dimensión, que la vida es eterna y que nos vamos a encontrar cuando llegue el momento. Así que eso me dio mucha paz, mucha tranquilidad. Salir me llevó un año, tenía dos días buenos, tres malos, pero yo sabía que ella estaba, lo que me pasaba era que la extrañaba mucho. En un primer momento dije: ‘La perdí, me quiero ir con ella…’

Las comunicaciones en sueños


Según estudios realizados, hay varios métodos establecidos por donde se podría llegar a tener un contacto con seres del más allá: Comunicaciones visuales, olfativas, auditivas, táctiles, presenciales, en forma de visiones, en modo de ensueño (estado alfa), modo simbólico, mediante fenómenos físicos y, obviamente, a través de los sueños.

La comunicación con un fallecido mediante un sueño se caracteriza generalmente con un encuentro frontal, con mucha carga emocional, en una situación ordenada, colorida e involucrando alguna situación quizás inverosímil, pero que sirve para que la experiencia sea difícil de olvidar cuando despertamos. A veces, en ese encuentro se puede tener la sensación de encontrar un límite, una barrera que separa ambos mundos, el vivo del muerto.

Este límite entre mundos puede estar representado de distintas maneras: Un arroyo, un alambrado, un campo, una pared, una puerta o cualquier obstáculo que marque que no está permitido el cruzar y en el imaginario de las personas el cruzar ese límite sería morir en el sueño.

La diferencia que puedo marcar con los sueños comunes es que los sueños que tenemos suelen ser fragmentados,  es decir que pueden no tener final o incluso un principio, están llenos de simbolismos y situaciones fantásticas, son incompletos en muchos sentidos. Si bien también tienen una intensidad emocional, los sueños tradicionales pueden olvidarse muy fácilmente.

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Mucho se habla de lo que pasa después de que morimos, lo cierto es que toda teoría es incierta porque nadie lo sabe, incluso el que dedicó su vida a estudiarla. Pero, por ahí, quién nos dice, hay algo más en el otro lado, más allá de nuestro delirio cotidiano, como un vínculo de amor que no se puede romper ni siquiera con la muerte.

¿Qué les puedo decir? Ya lo sabremos. Mientras extrañamos, soñemos. Esa es la clave.

“Recordar que uno va a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que hay algo que perder. Ya se está indefenso. No hay razón alguna para no seguir los consejos del corazón”. Steve Jobs (1955-2011), empresario e informático estadounidense.

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Beto Sayes
Guionista de Radio y TV, locutor, dibujante y músico. Me defino como un intelectual sin escritorio, rebelde, sintético y poco ortodoxo. Prefiero mil veces la popularidad antes que el prestigio.