Camila O'Gorman Fusilamiento

“Voy a morir, y el amor que me arrastró al suplicio seguirá imperando en la naturaleza toda. Recordarán mi nombre, mártir o criminal, no bastará mi castigo a contener una sola palpitación en los corazones que sientan.” Camila O’Gorman1

La historia de Camila y Udalislao tiene todos los condimentos para crear una historia de amor trágica y por eso, a 168 años de su fusilamiento, sigue viva en nuestra memoria colectiva.

Camila O’Gorman nació y se crió en la alta sociedad porteña y tenía el privilegio de ser confidente de Manuelita Rosas en una época donde los jóvenes en edad de casarse dependían de acuerdos de sus padres para concretar matrimonios, en relación a otros intereses, lejos de los sentimientos.

Udalislao Gutiérrez, sacerdote que llegó desde Tucumán a establecerse en Buenos Aires para prestar sus servicios en la Iglesia del Socorro, fue acompañado por la ventaja de ser sobrino del Gobernador de Tucumán, Celedonio Gutiérrez.

La historia es conocida. Tantos años después y con variadas interpretaciones e investigaciones, e incluso condimentada con elementos de ficción que nos llevan a conocer qué ocurrió, se puede resumir en algunos párrafos.

Camila, devota como todas las jóvenes de la época, asistía a la Iglesia del Socorro y el padre Udalislao, asistía a las tertulias porteñas. Ambos se enamoraron. El cómo hicieron para mantenerlo oculto o cuándo comenzó todo es difícil de determinar, salvo algunos indicios, hasta que decidieron huir y todo se volvió público el 12 diciembre de 1847.Camila O'Gorman

El padre de Camila denunció el hecho ante el propio Restaurador y los curas de la Iglesia del Socorro hicieron lo mismo, pidiendo un castigo ejemplar para cuando los encontraran.

La pareja fugada, luego de pasar por varias localidades, se establecieron en Goya, Corrientes, bajo los nombres de Máximo Brandier y Valentina Desan, y regentearon una escuelita. Su vida era tranquila e integrada en la sociedad, hasta que fueron reconocidos por el cura Michael Gammon, quien los denunció.

“Que si este suceso se considera un crimen, lo es ella en su mayor grado por haber hecho dobles exigencias para la fuga, pero que ella no lo considera delito por estar su conciencia tranquila”. Camila O’Gorman 2

Primero se decidió trasladarlos a Buenos Aires, una celda para él en el Cabildo y un lugar en la Casa de Ejercicios Espirituales para ella. Luego optaron por quedarse en Santos Lugares, porque llegar a Buenos Aires supondría complicaciones.

Se consultó a los juristas de la época, a los religiosos, a las familias involucradas y en su mayoría requirieron un castigo ejemplar. Algunos registros cuentan que incluso Manuelita Rosas y María Josefa Ezcurra, hija y cuñada de Rosas, intentaron interceder a favor de Camila.

“Mi querido hermano Juan Manuel: Ésta se dirige a pedirte el favor de Camila. Está desgraciada, es cierto, ha cometido un crimen gravísimo contra Dios y la sociedad. Pero debes recordar que es mujer y ha sido indicado por quien sabe más que ella el camino del mal. El gran descuido de su familia al permitirle esas relaciones tiene muchísima parte en lo sucedido; ahora se desentienden de ella. Si quieres que entre recluida en la Santa Casa de Ejercicios, yo hablaré con doña Rufina Díaz y estoy segura de que se hará cargo de ella y no se escapará de allí. Con mejores advertencias y ejemplos virtuosos, entrará en sí y enmendará sus yerros, ya que los ha cometido por causa de quien debía ser un remedio para no hacerlos. Espera una respuesta en su favor, tu hermana. María Josefa”.3

Camila, presuntamente embarazada, y Udalislao fueron fusilados en Santos lugares el 18 de agosto de 1848. Hacía 250 días que habían huido de Buenos Aires y 65 días que los habían descubierto. Camila fue la única mujer ajusticiada por Rosas.

Desde su exilio en Inglaterra el 6 de marzo 1877, Juan Manuel de Rosas asumiría la responsabilidad en una carta a Federico Terrero:

“Ninguna persona me aconsejó la ejecución del cura Gutiérrez y de Camila O´Gorman, ni nadie me habló en su favor. Todas las primeras personas del clero me hablaron o escribieron sobre ese atrevido crimen y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes o parecidos. Yo creía lo mismo. Y siendo mía la responsabilidad, ordené la ejecución… Mientras fui gobernador, con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores y de mis aciertos”.

Camila O'Gorman y Uladislao Gutiérrez

La inocencia de Camila y Udalislao radica en tratar defender su amor ante todo y jugar un papel para los distintos ámbitos de poder en tiempos violentos, donde hubo otros intereses. El amor de dos jóvenes era un atentado a la moral y al orden establecido. Fue el principio del fin de los años de Rosas en el poder. Para la moral de la época y los opositores al gobierno, primero se utilizó como ejemplo de la degradación de la mujer en los tiempos de Rosas y luego como víctimas del régimen. Para los religiosos de la época, que no eran fieles al celibato, fue tal vez un juego de doble moral. Para la alta sociedad, fue demostrar qué pasaba con los que desobedecían las reglas impuestas y la moral establecida.

Probablemente lograron su cometido y las jóvenes de la época aprendieron la lección y mataron el cosquilleo que sentían por el cura, el cochero o el peón de la estancia; tal vez, aprendieron a esconderlo discretamente tras metros de tela que no mostraban la piel. Algunos dicen que si, en vez de huir, recurrían a Rosas pidiendo su benevolencia o si hubieran mostrado algún arrepentimiento, que es lo que necesitaban los instauradores de moral, la historia sería distinta. Pero la historia es ésta y aún hoy recordamos trágicamente sus nombres.

1 Julio Llanos, Camila O’Gorman, Buenos Aires, Ediciones  de la Patria Argentina, 1883, citado por Adami, Nazareno Miguel, “Poder y sexualidad: el caso de Camila O’Gorman”, en Revista Todo es Historia Nº 281.

2 Enrique Molina, Una sombra donde sueña Camila O’Gorman, Buenos Aires, Seix Barral, 1984.

3 Schettini, Adriana, “Camila O’Gorman: la levadura de un amor prohibido”, en Mujeres argentinas. El lado femenino de nuestra historia, Buenos Aires, Alfaguara, 1998

Comentarios