Cajita Feliz

Hace unas semanas fui al cine con mis amigos a ver El Conjuro 2, para mayores de 16. Cuando me pidieron el DNI, sentí cierta satisfacción al sacarlo y demostrarles que podía pasar. Y es que siempre tuve malas experiencias con eso. Todo el mundo me decía “No pasa nada, nunca piden DNI” y siempre que iba, me lo pedían y terminaba viendo una película animada. Estuvo buena la peli, la verdad me cagué todo un par de veces (sobre todo cuando mi querido amigo Juan me dijo “Mirá”, se escuchó un grito y al mismo tiempo él me tocaba el hombro), pero comprobé, una vez más, que las películas de terror ya no causan en mí la misma emoción que antes. Es como que ya sé cuándo me van a querer asustar y cuándo va a suceder algo raro. Igual disfruté la historia, así que no me puedo quejar, pero no me asusté como me hubiese gustado.

Después de ver la peli, fuimos a comer a McDonald’s. Fui con mi amigo Mariano con la intención de comprar el combo más barato. Convencido de que no habría ningún problema, le dije jodiendo “Si por alguna razón no está, compramos la Cajita Feliz”.

Resulta que el combo era de lunes a viernes hasta las 15 horas. Siendo un domingo a las 23, claramente tuvimos que optar por la Cajita feliz: “¿Qué juguete quiere?”, me dijo la empleada. Le contesté “Cualquiera… No, pará, a ver…”. Apenas pude contener mi emoción: ¡Eran las Tortugas Ninja! “Dame una azul y una naranja… digo violeta”. Estaba tan nervioso que hasta se me mezclaban los colores. Mientras, Mariano se había dado vuelta para cagarse de la risa.

Le di el violeta y me quedé con el azul, Leonardo, que siempre había sido mi favorito. Después hicimos la cola para retirar la comida, pero ya no me importaba mucho. Me había quedado pensando en mi infancia, en las Tortugas Ninja y en cuando era chico, que siempre me emocionaba por los juguetes de la Cajita Feliz.

Leonardo, tortuga ninja

Entonces, me dieron mi comida y volví al mundo real. No pude evitar pensar “Antes parecía más grande”. Era una mini hamburguesita y unas mini papitas que no pudieron llenarme por completo, pero ¡ojo!, también venía un Danonino.

Cuando les dije a Juan y a Martina lo que nos había costado eso, se me cagaron de risa. Juan me llevó hasta Mostaza para mostrarme un combo baratísimo. La verdad ni quise mirar el precio. Sólo me alegró saber que esa promoción también era válida sólo de lunes a viernes, si no, me mataba.

Finalmente nos fuimos de noche. Yo fui el último que se tomó el bondi. Se me hacía eterno el trayecto y me aburría mucho. Entonces, abrí mi mochila y saqué mi tesoro del día: Mi querido Leonardo, todavía en la bolsa.

Y sigue así, sin abrir. No quiero que se mezcle con el resto de mis juguetes. Los otros son juguetes que marcaron mi infancia, mientras que Leonardo me hizo volver a ella por un momento. Quiero que quede así, dentro de su empaque, arriba de todos mis juguetes, para recordarme ese momento en el que pude volver a ser un niño con su tortuga ninja… aunque me haya cagado de hambre.

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Simone
Me encantan las historias. Leer y escribir, ver películas, series, etc. e imaginarme mis propias historias. Y me gusta tratar que mi propia historia sea una aventura, todo el tiempo.