Procrastinación

O por qué las demás actividades parecen más atractivas cuando algo tiene un plazo. O por qué desarrollamos un Máster en Procrastinación del que, por supuesto y sin pensar, nos graduamos con honores.

Cuando la lista de cosas por hacer es más de lo que estás dispuesto a hacer. Imagen: Eva Psicóloga
Cuando la lista de “cosas por hacer” es mayor a lo que “estás dispuesto a hacer”: procrastinación. Imagen: Eva Psicóloga.

La procrastinación podría ser llamada la enfermedad del nuevo siglo. Es que, como todos sabemos, al procrastinar dejamos un montón de cosas por hacer que realmente deberíamos finalizar. Considerando que siempre estamos ocupados o que la vida nos llena de actividades (que nosotros llenamos de actividades a la vida, tampoco la hipocresía); las opciones de dispersión son bien variadas y a todas le echamos la culpa por igual.

Dentro de esas actividades hay muchas que definitivamente valen la pena y nos construyen como seres humanos. Pero hay otras que se convierten en ese momento para despejar la cabeza en medio de la construcción del presente y del futuro. El problema es cuando la balanza se aprovecha del despeje y hace que este tiempo sea eterno.

La lista de prioridades patas para arriba


En la era de los millennials, es decir la generación del 2000, la procrastinación resulta un poco preocupante. Varios psicólogos y sociólogos se han dedicado a estudiarla y a ponerle nombre a lo que nosotros llamamos distracción o posponer acciones.

Puede que esté bien, puede que esté mal… ¿Quién puede decidirlo? Imagen: Merolwan

En estos estudios se ha descubierto que hay dos tipos de procrastinadores: Los que lo realizan una vez cada tanto y los que viven procrastinando. Estos últimos pueden ser preocupantes, debido a que el sólo hecho de posponer algo en cada aspecto de la vida, puede estar ligado a trastornos de depresión, entre otros quilombitos emocionales.

Los procrastinadores eventuales son aquellos que, como a mí me gusta llamarlosnos, nos gusta vivir al límite. Al límite de la entrega de un trabajo, al límite del horario en que nos levantamos, al límite a la hora de pagar los impuestos… Nuestras madres se enorgullecerían de decirnos la tan conocida frase “cómo te gusta dejar todo para último momento” (Bueno, la mía sí). Según los especialistas, que sea de manera eventual no es tan preocupante, debido a que hay distintos componentes a los que tenemos acceso hoy en día y nuestros abuelos no, que colaboran indirectamente con el arte de la procrastinación.

Cuando el mundo que nos rodea no ayuda tanto como quisiéramos…


No sé ustedes, pero yo trabajo en la computadora. Y, según mi último récord, paso alrededor de doce horas diarias delante de la computadora. Ahí es cuando resulta más que fácil procrastinar.

De hecho, esta realidad hace que todos seamos propensos a procrastinar. Porque tenemos todo ahí. Así como la tecnología y el uso de las computadoras nos acercan un montón de beneficios de comodidad y simplificación, también significa el acceso a redes sociales, juegos, aplicaciones y otras cosas que nos alejan de la concentración.

Procrastinación 5
Procrastinación: “Il dolce far niente”, o eso que confundimos con el descanso. Imagen: Shopify.

De repente nos encontramos con que la barra de marcadores tiene acceso directo a las redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter, o el mismo bendito y odiado Netflix. Esto puede simplificarnos la vida en el tiempo libre. Pero cuando estamos ocupados trabajando, son una especie de cartelitos de neón que nos llaman a perder el tiempo por ahí. Y ni hablar si escuchamos música desde el celular mientras trabajamos… De repente nos interesa mucho más leer las conversaciones grupales, esas que normalmente obviamos y detestamos en partes iguales, o encontramos que es más divertido mirar imágenes que pasan en Instagram que nuestra pantalla de trabajo.

Una humilde recomendación, que a mí me sirve, es tirar el celular en una esquina de la casa por la que no pasemos a menudo. Y esconder el mouse en el ropero. Suena muy extraño, sí, pero si no hay mouse, no hay juegos (en mi caso, claro) y por lo tanto, hay trabajo terminado.

Complejo de Penélope


Desde la antiguedad, desde la Penélope que espera el regreso de Ulises tejiendo y destejiendo, la procrastinación existe. Quizás llamada de otros modos, pero existe. Hay muchos psicólogos que insisten en que hay distintos tipos de procrastinación y uno de ellos es llamado, precisamente, el Complejo de Penélope.

Este no es más que una persona indecisa que hace y hace sin responsabilizarse y, por lo tanto, sin hacerse cargo del resultado final. Este tipo de procrastinadores cree que al finalizar la tarea, va a llegar el momento de decidirse por algo. Entonces, es mejor dilatar la acción. En la modernidad, podríamos llamarlo el caso “me fumo un puchito y arranco”.

Todo grita que lo hagamos. No, nuestro trabajo no: la procrastinación. Imagen: Muy Pymes
Todo grita que lo hagamos. No, nuestro trabajo no: lo de procrastinar. Imagen: Muy Pymes

Aún peor es tener miedo a fracasar y por eso ni siquiera intentarlo. Muchos procrastinadores se vuelcan ante esta excusa para no afrontar la tarea por miedo a que lo que hagan sea un perfecto fracaso. Por supuesto que es un tema mucho más profundo y que deberían tratar los psicólogos, pero sí, efectivamente es un problema de baja autoestima. La bien conocida frase “el lunes empiezo la dieta” la conocemos todos y es un ejemplo de esto. Obviamente que, si no ponemos lo mejor de nosotros para el éxito de la dieta, ésta será un fracaso. Por eso ni siquiera intentarlo. Y se los escribo comiendo un pedazo de pizza de una dieta que nunca va a comenzar el lunes, sí.

¿Ahora o nunca? Mejor ahora... No, mejor nunca. Imagen: Zgrados
¿Ahora o nunca? Mejor ahora… No, mejor nunca. Imagen: Zgrados

Y como posponemos la alarma cada mañana hasta que no queda otra que levantarnos, también la procrastinación sucede así. Cuando no hay más remedio, afrontamos la tarea y la terminamos de una vez por todas. A mí me gusta llamarlo “trabajo mejor bajo presión”, pero, entre nos, si bien es cierta la afirmación, es una poderosa excusa para explicar lo mucho que pospusimos la tarea y lo grandiosa que pudo haber sido si hubiéramos puesto lo mejor de nosotros desde el principio de la misma.

¿Procrastinar o no procrastinar? Esa es la cuestión de las redes sociales


Netflix aparece muy a menudo como el causante más efectivo de procrastinación. Y lo siguen muy de cerca, casi disputando el puesto, Twitter y Facebook.

Un capítulo más y nos ponemos a trabajar... ¿Quién no lo ha dicho alguna vez? Imagen: El Salvador
Un capítulo más y nos ponemos a trabajar… ¿Quién no lo ha dicho alguna vez? Imagen: El Salvador

Estas tres aplicaciones aparecen justo cuando teníamos que sentarnos a escribir un trabajo práctico o cuando teníamos que planear una reunión. Y si tu trabajo también incluye mirar series y películas, como en el caso de los guionistas como yo, Dios Santo… De repente las listas desaparecen y lo único que hay en tu cabeza es la atractiva idea de sumergirte en un mundo como el de Gilmore Girls o Charmed, aunque las hayas visto quichicientas veces, pero… Siempre serán más atractivas cuando hay cosas por hacer.

No niego que sea divertido todo el mundo que aparece cuando procrastinamos. Pero tampoco niego lo bien que nos sentimos al dejar de hacerlo. Y escribir esta nota, por ejemplo ¿Nos ponemos a trabajar? Dale. Cinco minutitos más y arrancamos.

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Mauge Sologuestúa
Toda santafesina. Sensibilidad e ironía. Seriéfila por elección, escritora y lectora por atrevimiento; y cocinera de profesión. Los lentes y el café me hacen ser persona. Hago de tripas corazón. No sé combinar la ropa, ni dejar de comerme las uñas.