Si no escuchaste nada acerca de “Stranger Things,” probablemente has estado viviendo al margen de todas las redes sociales en la última semana. Si aún no sabes qué es, te contamos que se trata de la nueva serie de Netflix que ha llegado para quedarse y romper un poco la monotonía en que nos había sumergido el final de “Game of Thrones”.

La serie está ambientada en 1983 y narra las aventuras de un grupo de pequeños amigos y los sucesos sobrenaturales que rodean la desaparición de uno de los niños del grupo, Will Byers. Más allá de eso, no vamos a spoilearles el argumento de una serie breve y contundente con una duración de ocho episodios, en los que encontrarán desde romance teen hasta laboratorios militares y sucesos paranormales para tirar al techo… Vamos a adentrarnos, en cambio, en el fenómeno que la serie parece demostrar una vez más: La retromanía. Ésta triunfa nuevamente, convirtiéndose en un suceso comercial con proyección a futuro. Basta con mirar el trailer para ver toda esa nostalgia convertida en imágenes.

Retromanía es un concepto y un libro del autor británico Simon Reynolds (publicado en Argentina por la editorial Caja Negra) que habla —entre muchas otras cosas— de un fenómeno contemporáneo de nuestra sociedad de sentir nostalgia y convertir en memorabilia el pasado, incluso un pasado que no se vivió (claro que el libro va más allá, analizando el fenómeno de la cultura pop y desde Puntadas con Hilo, se lo recomendamos mucho). Para hablar en términos simples, somos testigos de cómo las décadas de los ochenta y los noventa y todas las referencias a ellas parecen haberse convertido en sinónimo de ventas.

“Stranger Things” es un producto diseñado desde el vamos por los hermanos Duffer (guionistas también de la inusual “Wayward Pines”) para apelar a la nostalgia del espectador promedio, sobre todo el que se encuentra entre los 25 y 45 años de edad: Desde su tipografía con letras rojas a lo Cronenberg  remixado con el opening de “Amazing Tales”, contando una historia que parece guiñar continuamente: “Los Goonies”, “It”, “ET”, “The thing” y toda película en la que un grupo de chicos (ya sean Spilbergueanos o Tob Hoppereanos o Joe Dantescos) se enfrenten a una entidad paranormal que amenaza la tranquilidad de un pueblito en el que, en apariencia, nunca sucede nada el noventa y nueve por ciento de las veces.

De hecho, no podemos decir que Netflix se haya arriesgado demasiado con esta serie que cuenta en su reparto con Matthew Modine y Winona Ryder, quienes no serán los actores que otrora nos deslumbraron, pero de nuevo… el pasado y los nombres pesan junto con un reparto de caras nuevas e interesantes que se roban el show: Los niños. Pequeñas estrellas de la serie son Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin), Will (Noah Schnapp) y la misteriosa Eleven (Millie Bobby Brown), sobre los que reposarán todas las miradas y las intrigas.

Stranger Things

Y ya casi hay confirmada una segunda temporada “más extraña aún”, si es posible según sus creadores que hasta barajaron el nombre de David Lynch para el final de la próxima temporada ¿Ambiciosos? Tal vez, pero cuando gente como Stephen King y Guillermo del Toro ya se apresuraron para felicitar a los productores por su serie, es porque ya tocaste el cielo del género terror con las manos.

Podemos decir que es una especie de renovación del intento de J.J. Abrahams por narrar una de terror para chicos, al estilo de los films de los ochenta de sus “mentores espirituales”, como lo fue “Super 8”.  No nos olvidemos, sin embargo, que a diferencia de este film, tenemos alrededor de ocho horas (aproximadamente) para generar empatía con los pequeños protagonistas, algo con lo que Abrahams no contaba, además de una infinidad de oportunidades de cargar todo de referencias a “El Hobbit”, “Calabozos y Dragones”, walkies talkies, bicicletas y tecnología analógica que falla todo el tiempo. También una banda sonora espectacular que incluye a New Order y Joy Division.

Lo gracioso es que esto no es un intento aislado de Netflix. Ya lo hizo con la comedia y los ochenta en “Wet Hot American Summer: First Day of Camp”; y los noventa y su chica estancada en esa década con “The unbreakable Kimmy Schmidt”. Que sea algo pensado no significa que tenga menos valor.

El guión es poderoso y sostiene su peso argumental, que lo transforma en una serie llamativa y por eso el boom de toda esa memorabilia que conmueve, pero logra formar un relato nuevo. La cita infinita se convierte entonces en un nuevo lenguaje, en “lo que se usa”.

Pensemos en todos los niños que se encierran con su tablet o su notebook a ver “Stranger Things” por la noche, porque es su equivalente a “¿Le temes a la oscuridad?” (wso devela mi generación). Es lo nuevo y toda esa montaña de referencias que a nosotros nos da tanta nostalgia y casi estamos en el límite de llamarla “robo a mano armada cinéfilo”, para ellos no significa nada o significa muy poco. Para ellos, repito, los Duffer Brothers y Netflix son lo más grande del planeta y eso es lo que realmente asusta, pero esos son los riesgos de esta retromanía tan descontrolada y la consolidación de nuevos lenguajes. Sólo podemos esperar a que estos nuevos textos les permitan encontrarse con los otros que, para ellos, son los nuevos clásicos, pero que son parte de nuestra infancia.

Para cerrar esta nota vamos a mencionar unos casos más que salieron para abusar de esta onda nostálgica y son productos audiovisuales muy notables para que miren si se quedaron con ganas de más, luego de consumir con avidez los ocho episodios de “Stranger Things”:

  • Turbo Kid
  • The Final Girls
  • Freaks of Nature
  • Kung fury
  • Ash vs the Evil Dead
  • Scream Queens

 

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