René Favaloro por Ezequiel M. Baró
René Favaloro por Ezequiel M. Baró

Los héroes y próceres no siempre precisan de capas, espadas, sables y enormes medallas que conmemoran batallas. A veces, dan su vida día a día en el mayor de los silencios… Como el doctor René Favaloro.

El 29 de julio se cumplieron 16 años desde aquel día fatal. Desde aquel día horrendo en que supimos que la vida no era justa y que los próceres no necesitaban llevar capa y espada para salvar el mundo todos los días. Quizás, no sabés de quién hablo cuando digo “Favaloro”, pero si hoy mucha gente se salva de cardiopatías gracias a un bypass coronario, es gracias a él, que implementó la técnica.

Uno de los grandes hombres que cambió la medicina, pero desde el silencio y la humildad de saber tanto. Y logró poder ponerlo al servicio de los demás. Y, mejor aún, de esos “demás” que menos tienen.

René Favaloro: Caridad sin credo


Su vida estaba tan entregada a los pacientes, que René Favaloro vivió durante los dos años de residencia en el Hospital. Allí aprendió de los grandes y fue grande.

Cuando René Favaloro se recibió de médico en la Universidad de La Plata, se enteró de que un poblado rural como Jacinto Aráuz no tenía médico y allí fue, acompañado por su hermano Juan José. Juntos, crearon un Centro Asistencial y lograron terminar con la mortalidad infantil, con muchas causas infecciosas, con la desidia… El Dr. Favaloro se acordó de esos de los que nadie se acuerda.

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Continuó capacitándose, a pesar de las distancias, y logró asentarse en Cleveland, Estados Unidos. Se centró en las enfermedades cardíacas congénitas y valvulares, y así descubrió que podía mejorar la vida de los demás sólo con utilizar la vena safena como elemento del bypass coronario. El Dr. Favaloro logró de esta manera ser el héroe internacional de la historia de la medicina coronaria.

La fundación de su memoria: la Fundación Favaloro


Ni siquiera quería nombrarla así. Pero uno de sus colaboradores se lo pidió y en 1975, nació la Fundación Favaloro.

Viene a propiciar investigaciones y docencia, viene a buscar soluciones y estudio de campo, pero se transformará también en su propia trampa, ya que la inversión era demasiada y salía de su propio bolsillo, incluso cuando logró, en 1992 y junto a un grupo privilegiado de médicos que pudieron aprender de él, crear el Instituto de Cardiología de la Fundación Favaloro.

Imagen: Minuto Uno
Imagen: Minuto Uno

Miles de pacientes pasaron por las manos de Favaloro. Miles de protegidos que conocieron su pasión, su atención y su capacidad de servicio desinteresado.

La crisis que nos dejó sin Favaloro


La gran ironía de la vida es que, un hombre que hizo tanto por dar vida y por hacer que los demás vivieran, termina eligiendo su propia muerte a raíz de enormes problemas financieros que atraviesa la Fundación Favaloro. La ironía más grande es que, siendo un señor con todas las letras y con un corazón tan grande, decida disparar a su corazón. Pero fue la única manera de llamar la atención.

De cualquier forma, así como su nacimiento nos permitió conocer las bondades de este médico rural del que pronto sabría todo el mundo, también su muerte nos hizo saber las condiciones de su propio corazón, de ese que nunca había tenido problema en ofrecer a los demás y que ahora se interponía entre ser y no ser escuchado.

Imagen: Diario Concordia
Imagen: Diario Concordia

El disparo al corazón de Favaloro no fue un disparo cualquiera. Fue uno que te pegó a vos, me pegó a mí y nos pegó a todos.

“Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.
No puedo cambiar. No ha sido una decisión fácil, pero sí meditada. No se hable de debilidad o valentía.
El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano.
Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.
Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.”

(Carta dejada por el Dr. Favaloro el 29 de julio de 2000, a las 14.30 hs)

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