Formas de malgastar un fin de semana

La semana tiene 7 días. Dos de ellos son de descanso y Dios sabe que aquellos que trabajan los aprovechan al máximo: Salen a pasear, con amigos, al cine, al teatro o a un recital, incluso a comer. Ahora, los días en que no pueden salir, esas casi 24 horas donde todo lo que pueden hacer es mirar alguna película desde la comodidad de un sillón o la cama es solamente una partecita de todas las actividades que realizan. Entonces…

¿Qué más hacen y por qué lo hacen?


Bueno, eso vamos a tratar de responder y hasta quizás encontremos algo que pueda servirnos a todos en nuestros días vacíos.

Lo siguiente es el resultado de un ardua investigación.

Por propósitos legales los nombres han sido cambiados.

El primer caso analizado, al cual llamaremos como “Espécimen 1”, pasó un día completo encerrado en su casa por cuestiones climatológicas. Su día comenzó a las 8:30 AM cuando su despertador sonó y abrió los ojos. La siguiente media hora fue una lucha de voluntad interna para no volver a dormirse. Para ganar esta batalla recurrió a su teléfono inteligente, con el cual entró a ciertas páginas en el siguiente orden: Facebook, Youtube, Facebook, Whatsapp, Facebook, Whatsapp, Gmail y Facebook. Una vez terminado su ritual matutino como lo describí, el espécimen salió de la cama y se dirigió al baño.

El “Espécimen 2” fue un caso totalmente distinto. Su día empezó a las 6:15 AM cuando, después haber ido al baño por quinta vez en la noche, decidió que era hora de hacer cosas. En este caso, el “Espécimen 2” no realizó actividad alguna por vacaciones en su trabajo.

Ambos especímenes pasaron un lapso aproximado de 15 minutos en el baño.

Una vez higienizados, los dos optaron por desayunar. Mientras el “Espécimen 1” acompañó su mañana con un café con tostadas y el sonido de la voces de la radio matutina, el “Espécimen 2” tuvo un desayuno más simple que, además de incluir mate y unas galletitas de agua, también incorporó la voz de su esposa. La charla siguió unos 45 minutos más antes de terminar, juntar la mesa y dirigirse a la terraza. Para ese momento eran las 7:15 AM.

En el caso del “Espécimen 1”, la mañana fue totalmente distinta. Tomó su desayuno en su habitación de manera más distendida. La risa fue un condimento nuevo a lo anteriormente visto. Una vez terminado el café y el programa de radio, el “Espécimen 2” apagó la radio, tuvo un cambio de ropa y por unos 30 segundos contempló, con la mirada perdida, su biblioteca. Cuando volvió en sí, caminó hasta la cocina, agarró una escoba y regresó a la habitación con decisión en sus ojos. “Espécimen 2”, ahora en la terraza, acompañado también de una escoba y una pala, barrió los desechos de su mascota mientras peleaba con ésta para que no se le subiera encima. Una vez terminado esto, llenó los platos de su mascota con comida y agua antes de volver adentro, donde su esposa lo esperaba para ir a comprar comestibles. Ella tenía su billetera en la mano cuando él entró en la casa. No había salida.

Ya casi llegando al mediodía, nuestros especímenes se sentaron en sus respectivas mesas, a la espera del almuerzo. El “Espécimen 2” esperó un plato de guiso de lentejas, hecho con los comestibles que su esposa y él trajeron, mientras que por el lado del “Espécimen 1” nos encontramos con otro panorama, no del todo distinto. Ella ordenó su comida en una rotisería y mientras esperaba su arribo, preparó la mesa. En ella puso un mantel con decoraciones navideñas, un plato, un vaso y los utensilios necesarios. Alguien aplaudió. Ella se dirigió afuera, recibió su pedido, pagó por él, se despidió del mensajero y apoyó la “porción de vacío con fritas” que pidió. En ambos casos, la expresión de sus caras con cada bocado era de sumo placer.

En la mesa del “Espécimen 2” hubo más voces que en la del “Espécimen 1”. Ella sólo contó con el acompañamiento de una película infanto-juvenil. Una vez terminada la sobremesa, el reloj marcó las 14:00. El “Espécimen 2”, junto con su esposa, lavó los platos y ambos se dirigieron al living, donde se sentaron frente al televisor. No pasó mucho tiempo para que el “Espécimen 2” empezara a cabecear y se durmiera sentado, mientras su esposa terminaba la película. Por su lado, el “Espécimen 1” simplemente se levantó para ir al baño. La mesa quedó ahí, sin juntar. Pronto ella se recostó y por unos 40 minutos leyó un libro de Cortázar antes de quedarse dormida.

Aburridos

Cuando ambos especímenes se levantaron, la mitad del día se había pasado.

La merienda encontró a los dos con lo mismo: Mate. Aunque el “Espécimen 2” esperaba con ansias que el ruido del silbato del churrero se acercaba, el “Espécimen 1” se encontraba haciendo panqueques. Los dos devoraron todo lo que había sobre la mesa. Pronto el “Espécimen 2” se encontró rellenando el plato de comida y agua de su mascota, mientras que el “Espécimen 1” hablaba con su madre por teléfono y limpiaba los objetos utilizados en la preparación de los panqueques.

La noche y el frío se cernía sobre los dos a las 20:50. El “Espécimen 2” se sentó muy cerca de la televisión para poder escucharla mejor y el “Espécimen 1” respondió mensajes en su computadora portátil, al ritmo de un artista conocido como “El Rey del Pop”. Su tiempo de ocio se vio interrumpido cuando fue la hora de cenar. El “Espécimen 2” y su esposa comieron fideos con queso, mientras que el “Espécimen 1” simplemente tomó un té y vio una película de John Hughes

A las 22:45, el “Espécimen 2”, vestido para dormir, entró a su cama y se durmió al lado de su esposa. El “Espécimen 1”, por su lado, también decidió acostarse temprano, pero ella se negó a entregarse a Morfeo y para eso recurrió al viejo truco de engañar la mente con videos en Youtube y cantar viejas canciones de películas de Disney, pero a las 01:24 fue vencida y se entregó. Los dos Especímenes roncaban. Los dos dormían, esperando mañana despertar con algo para hacer… según ellos.

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