Seguramente, muchos de los que están leyendo esta nota también suelen ir a recitales a vivir esos momentos en donde se rompe con la rutina y se olvidan un rato de los problemas.

Cuántas veces el tipo que está al lado pega buena onda y te convida cerveza o la chica de adelante te pide que la subas a los hombros para agitar. Es algo corriente en nuestros tiempos.

Ahora, ¿qué pasa si te digo que el tipo que te convida cerveza o la chica que te pide que la subas a los hombros en realidad son infiltrados que te están espiando a vos, a la banda, al ambiente para después pasar un detallado informe a la ley? Muy de película, ¿no?

¿Y qué pasa si te digo que esto es una realidad o, mejor dicho, fue una realidad de espionaje y persecución a distintas bandas de nuestro rock y sus principales referentes del público por parte de la hoy disuelta Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense?

El año pasado, la Comisión Provincial por la Memoria desclasificó unos interesantes archivos en los cuales se detallan las investigaciones que se hacían previamente a las presentaciones de distintas bandas de rock, como Almendra, Riff o Patricio Rey y sus redonditos de ricota.

En esos informes se detallaba la llegada de cantidad de público, micros, trenes, alquileres de locación, costos de producción, entradas vendidas, nombre y dirección de músicos, asistentes y productores, logística y, como si fuera poco, también los datos personales de los principales referentes del público de cada banda, así como también los detalles en caso de detenciones.

La Dirección de Inteligencia de la Policía bonaerense (Dippba) funcionó  entre 1956 y 1998, y logró hacer más de 460 mil fichas con información de ciudadanos bonaerenses.

A partir de 1977, este organismo estuvo bajo dependencia directa del coronel Ramón Camps, jefe de la Policía bonaerense en tiempos del terrorismo de Estado, el cual  supo reconocer ante la justicia militar que la información que le entregó la DIPPBA fue fundamental para desarrollar el plan represivo que se aplicó en la provincia durante la última dictadura cívico militar, pero aún en tiempos de democracia este organismo continuó con el espionaje a personas de distintos ámbitos, como los ciudadanos fanáticos de rock o incluso a la comunidad homosexual, los cuales eran catalogados como “amorales”.

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La movida ricotera en los 90


En la década del 90, los Redondos ya eran una fuerte banda platense que tenía como características principales la autogestión, el bajo perfil y una historia de circuito under donde se promovían más que nada con el boca a boca. Sus letras escritas por Carlos Alberto “INDIO” Solari son destacadas por ser frases sueltas que, unidas en bloques, transmiten un mensaje que es de libre interpretación para cada uno de los seres que la escuchan y en su producción estaba a la cabeza “La negra” Poly, quien junto a Skay y El Indio formaban un trío arrollador que hasta se dio el lujo de rechazar tres veces la propuesta de Gustavo Yankelevich para tocar en Telefe por 500 mil Dólares (del UNO a UNO), sólo por ser fieles a su idea independiente y autogestionada.

La banda tuvo dos quiebres fundamentales en el desarrollo de su leyenda: Uno fue la muerte de Luca Prodan y el otro, la muerte de Waler Bulacio.

Uno fue un trasgresor icono del rock que con su partida dejó boyando a sus seguidores, que fueron astutamente captados por los Redondos, y el otro fue un seguidor que murió tras días de agonía y quedó como un símbolo de la muerte por represión policial.

Sus seguidores eran principalmente un cóctel de intelectuales y los pibes que quedaron excluidos por el menemismo que supieron encontrar en los shows un sentido de pertenencia a un mundo que los representaba, pero para la Dirección de Inteligencia de la Policía bonaerense (Dippba), las cosas no eran tan así, sino que comenzó una profunda persecución e investigación, entregando informes policiales en los cuales cabe destacar cosas como que “LOS RICOTEROS” eran un público hostil y violento, con características de un ejército que copaba ciudades para desolarlas:

“Pueden ser melenudos o pelados, rubios o negros, de Capital, San Isidro, Mataderos o La Plata: Es decir que es difícil distinguir a un integrante de LAS BANDAS, pero cada uno de ellos cumple una serie de FORMALIDADES ESPIRITUALES”

Con respecto a las canciones, los informes decían:

“Si bien no tienen una estructura tradicional, el mensaje está, pero se necesita conocer el código para descifrarlo. Para una persona que los escucha por primera vez, las letras… NO DICEN NADA… y diría que CARECEN DE SENTIDO…“.

Estos informes, oficialmente se definian como “elemento de orientación tendiente a aportar la mayor cantidad de datos posibles a la Superioridad y/o a quienes deban elaborar la respectiva orden de servicio”.

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La prohibición en Olavarría


En 1997, el intendente Helios Eseverri encomendó una investigación a la Dirección de Inteligencia de la Policía bonaerense (Dippba) sobre la banda y sus fans, antes de su llegada a la ciudad, que fue devastador:

“De los informes policiales y otras averiguaciones formuladas al efecto, también se desprende que ese movimiento multitudinario facilita la operación de pandillas vinculadas a la delincuencia que pondrían en riesgo la seguridad ciudadana, con antecedentes ciertos de violencia y desorden que han afectado a las ciudades y ciudadanos donde se han realizado”.

Este informe impulsó a prohibir el espectáculo en la ciudad mediante el decreto 589 y con los Redondos ya instalados en la ciudad e incluso con el escenario y equipamiento listo:

Sesenta toneladas de caños y tablones tomaban forma de escenario de 16 metros por 8, tres torres de 12 metros de altura. A la vez, diez personas trabajaban en la instalación de 200 artefactos para una iluminación con 200 mil vatios de potencia.

La prohibición enfureció a los pibes que habían llegado desde distintos puntos del país, que reclamaron con graffitis, piquetes y marchas. Por su parte, los Redondos brindaron la primera y única conferencia de prensa en su historia.

El hoy de los ricoteros y la policía


Los Redondos se separaron en 2001 por distintas cuestiones que no vienen al caso, pero uno de esos factores sin dudas fue la masividad, el crecimiento enloquecido de ricoteros que hasta un punto se les terminó yendo de las manos.

Hoy por hoy, la banda goza de un prestigio insuperable, único en la historia del rock argentino. El Indio, amante de las máquinas y los avances tecnológicos, se convirtió en una de las principales empresas utilizadas por los sectores gubernamentales que se pelean por llevar su show a sus ciudades, por ser un rentable mecanismo de reactivación de pueblos económicamente estancados. Por su parte, Skay, en menor medida, pero con la misma grandeza y con tendencia a lo humano, lo físico y lo natural, continúa su camino llevando miles de personas a donde va.

¿La Policía? Bien, gracias que nos deja tomar una cerveza con el tipo de al lado o subir a los hombros a la chica de enfrente para agitar este movimiento al que pertenecemos y que tanto nos representa.

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Beto Sayes
Guionista de Radio y TV, locutor, dibujante y músico. Me defino como un intelectual sin escritorio, rebelde, sintético y poco ortodoxo. Prefiero mil veces la popularidad antes que el prestigio.