El Principito

Volar largas horas surcando cielos a miles de pies de altura, en una época donde la aviación era rudimentaria en instrumental y confort, combinado con una pasión por volcar en palabras las vivencias y la imaginación, nos dejó un libro que algunos tildan aún hoy de infantil y que, sin embargo, nos deja algunas lecciones aplicables a nuestra vida: “El Principito”.

Aprendimos que a los adultos les cuesta comprender cosas y que es muy aburrido para los niños tener que explicárselas una y otra vez, y todo esto surgió por si un dibujo representa un sombrero o una “boa con un elefante”, y allí está cómo algunos trazos crean para un niño un mundo diferente y sin límites., mientras que para los adultos de todas las épocas el mundo es complejo y nos perdemos cada día en justificaciones, explicaciones y razones, perdiendo poco a poco la capacidad de ver más allá.

“Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”

Aprendimos que cuando uno domestica, es decir crea vínculos, logra algo maravilloso. Los amigos son aquellas personas a los que elegimos tener en nuestra vida, que nos acompañan, que nos conocen, en quienes confiamos y también por todo esto, cuando suceden los adioses, nos dejan lágrimas y recuerdos. Y el tiempo que dedicamos a esa persona es lo que la vuelve importante, sólo por la decisión de hacerlo, con las virtudes y defectos, con los momentos compartidos, elegirse, aún sabiendo que nos podemos perder y sufrir.

“Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.”

“—Te juzgarás a ti mismo —le respondió el rey—. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo, que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio.”

El Principito - Libro
A 72 años de la muerte de su creador.

El autoconocimiento, el aprender de uno, el saber pedir perdón, el perdonar, el decir “basta” a algunas situaciones, el ser claros, conocer nuestras virtudes, pero también nuestros defectos, sobre todo si esos pueden herir a los demás… Porque ver los errores en el otro es fácil, nos da un lugar de superioridad de sabelotodo, pero humildemente reconocernos y saber lo que hacemos mal, lo que lastima a otros, es una de las tareas más difíciles.

Tal vez las largas horas concentrado en el vuelo le dieron la imaginación para escribir esta bella historia a Saint-Exupéry o tal vez este adulto se cruzó realmente, en el desierto del Sahara, con El Principito, de un planeta con tres volcanes, uno inactivo, una rosa coqueta y la amenaza de los baobabs.

Podríamos seguir enumerando situaciones con pequeñas lecciones que este libro nos deja. Creo que lo principal es que uno tiene que darse la posibilidad de leerlo en diferentes etapas de la vida. Siendo niño es fascinante la vida de El Principito de las estrellas y si crecés, pero tenés la capacidad de seguir imaginando, leelo, dale la oportunidad, porque hay pequeñas lecciones que no hay que perder, que hay que recordar, recordarnos cada tanto. Y, sin ninguna duda, lo que nunca debemos olvidar, porque cuando lo hacemos, todos nos perdemos un poco:

“Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos.”

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