El gato Poli

Poli está en casa desde hace varios días. Vive entre el living y el comedor —no junto a las sillas, sino más bien entre la comida—. Recién lo subí por primera vez a mi cama, mientras empiezo estas líneas, mientras él también amaga con tipear un poco. Mira con asombro la máquina de escribir, la huele, se acerca con cautela a la luz lateral celeste del encendido. Todo en un silencio felino que por momentos asusta.

Poli es el tercero de la dinastía; espero que sea, por fin, el “vencido”. Los dos gatos anteriores eran negrísimos y nos duraron poco y nada: tuvieron muertes misteriosas e inesperadas —uno amaneció moribundo y al otro lo encontré ya sin vida a una cuadra de casa.

Poli es un gato que come mucho y cada vez que puede: en eso no se hace rogar ¿Ya lo había dicho, no? Da unas vueltas y se deja encontrar demasiado seguido en el mismo lugar: Primero estuvo en una caja enlanada y ahora pasa sus días y noches sobre una alfombra espesa y colorida. Es como un Pokémon fácil de atrapar, pero sin tanta tecnología, ni prensa ni fanáticos.

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Él es más que un gasto familiar.

Poli es —hablando de fanáticos y de pseudofanáticos— el nuevo mimado: un gato no siempre sirve para que los hermanos sean unidos. El famoso “ahora yo lo quiero tener” con dos hermanos adolescentes que empiezan a los arañazos si no hay Poli para todos. Hay que saber compartir los gatos.

Poli, además, te ayuda a pasar el frío de a ratos. Es la estufita portátil que cualquiera querría tener. Combate el frío, el estrés, la ansiedad, la pesadez, la globalización y el insomnio.

Poli dice que sueña una vida plena y abundante junto al calor de la estufa o bajo un aire eterno. Bostezar o rugir como un rey, mirando la vida y la comida pasar. También cuenta que quiere enganchar sus uñas para rasgar las vestiduras de todas las personas que lo carguen y así lo viene haciendo hasta hoy: medias, jeans, camperas y bufandas, principalmente.

Rugir, bostezar, engordar, usar las piedras y dormir
Rugir, bostezar, engordar, usar las piedras y dormir

Poli es más que un gasto familiar. Hace poco tuvo un “cuadro gripal” que resultó no ser tal, pero que preocupó a varios en la casa, especialmente a mi mamá. Había bajado de peso, pero ahora lo recuperó y ganó más todavía.

Poli desplazó al resto de la fauna familiar: Tres perros que dejaron de ser, momentáneamente, el centro de atención, de atracción, de alimentación ¿Vivir una vida de perros? Para nada. Vida de gatos es la que va. Poli vive un estilo de vida demasiado cool. Poli lo sabe; tu gato interior, también.

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