Leonor Benedetto actriz

Leonor Benedetto es una reconocida actriz argentina que también es escritora y que, por si fuera poco, ha incursionado en el guión y la dirección. En su currículum, cuenta con la película dirigida por ella, llamada “El Buen Destino”, la cual fue filmada en San Luis; con la serie “Rosa, Violeta y Celeste”, que fue emitida por Canal 7; y con “Cuento para una niña”, un documental sobre las mujeres.

Recientemente finalizó su participación en la telenovela de El Trece, “Los ricos no piden permiso”, en la cual su papel como Bernarda obtuvo un gran reconocimiento del público.

Junto a una compañera, Carolina Padín, la entrevistamos para conocer más a fondo su labor como guionista y su experiencia en el rubro.

Carolina: Nos gustaría saber cómo surgió tu gusto por la escritura.

Leonor: Eso, como toda cosa vocacional, no tiene una explicación racional […] Yo supongo que el ejercicio de la escritura apareció cuando yo empecé a corregir los guiones que me daban y a analizar una cierta línea lógica, según el género, obviamente, y según el relato, y los corregía. También porque soy una obsesiva del lenguaje, del hablar bien. Como comprenderán, en este momento estoy al borde de un ataque de nervios por cómo se habla, porque el empobrecimiento del lenguaje, realmente, es muy notorio y cada vez peor, y yo creo que eso no es gratis, no es “empobrecemos el lenguaje y ya”; empobrecer el lenguaje es empobrecer el pensamiento. […] Pero ya que la pregunta es “¿Cómo surgió la escritura?”, si me remonto para atrás, es desde siempre, es escribir, no sé si bien o mal, pero la necesidad imperiosa, casi de solucionar en la vida personal mis problemas emocionales escribiendo y en la vida profesional llevo tres libros, escribí una película, escribí una serie de 13 capítulos. […] Tal vez la respuesta más concisa, más concreta a esa pregunta sería, desde mi punto de vista, que una vocación no se puede explicar, es un impulso irrefrenable hacia algo y si eso lo sumo a las dos carreras que yo empecé antes de entrar al conservatorio, una era Medicina y la otra fue Filosofía, ninguna de las dos las terminé, pero Filosofía hice, prácticamente, la mitad de la carrera, creo que hay en esas tres un hilo conductor común, que es el intento de curar y yo creo que curan los médicos, curan los filósofos y curan los artistas. Entonces, es bastante probable que ande por ahí el germen de mi vocación.

Leonor Benedetto

Caro: A la hora de escribir ¿En qué te inspiras o qué cosas te generan inspiración para sentarte y escribir?

Leonor: Creo que la gente. No hay otra respuesta en mi caso. La personas, cómo viven, lo que les pasa, sus conflictos, que, por otra parte, ni es muy novedoso, ni son tantos los conflictos. Lo que es obligación encontrar, la novedad, es en la manera de resolución de los conflictos.

Menna: Sí, los temas son siempre los mismos…

Leonor: Siempre los mismos. Nos aman, no nos aman, tenemos problemas económicos, perdimos el trabajo, tenemos la ilusión del futuro, la decepción del presente. El tema es cómo se soluciona. […] 

Menna: Una vez que empieza un proyecto de escritura o cuando los tuvo ¿Cuánto tiempo llegó a dedicarle a esta tarea hasta que la terminó? Igual, como dijo que es un poco obsesiva con este tema, seguramente bastante.

Leonor: Creo que soy obsesiva con todos los temas.

Menna: Con todos los temas, me corrijo.

(Risas)

Leonor: Sí y, además, creo que la obsesión es un puente que hay que cruzar para los logros. Si estoy distraída, puede ocurrir que se enquiste el problema. Soy obsesiva, evidentemente, y en mi caso es lo que me da resultado. Entonces, es la obsesión y la disciplina, es levantarte a la mañana y poner el culo en la silla y en la computadora, y escribir. Probablemente, no sirva todo lo que uno está escribiendo, pero por lo menos el hilo y lo más sorprendente de todo es que, sobre todo cuando se escribe ficción, aparecen los personajes como unos otros que hablan. “Pero yo no quería que dijera esto”, pero el personaje lo dijo y yo lo escribí, y a la postre me doy cuenta de que era ésa la línea argumental más lógica.

Menna: Cuando escribiste los guiones de “Rosa, Violeta y Celeste” y del “El buen destino” ¿Qué objetivo fue el más importante que encaraste en esos proyectos? Porque son de un peso personal muy grande, según otras entrevistas que hemos estado escuchando.

Leonor: Me honra y me gusta que me lo digan, ése es un elogio que acepto. En el caso de la película, fue contestar a la pregunta “Si el progreso es siempre algo bueno para el destino del ser humano”. En el caso de estos cinco hombres reuniéndose en el bar de un pueblo, todos con diferentes condiciones culturales, sociales y económicas, que están casi entrampados en que la autopista los pasó por encima y esa autopista que, necesariamente, todo el mundo cree que es un progreso, en general deja a los pueblos pequeños muy aislados. Literalmente les pasa por encima. En general es una construcción alta que está por ahí y la gente del pueblo mira cómo pasan por ahí los camioneros que antes se detenían en los bares del pueblo a comer, se empiezan a morir los pueblos, se empiezan a ir los jóvenes de ese lugar.

En el caso de “Rosa, Violeta y Celeste”, otro gran tema existencial mío, que son las mujeres y ese fraude de que ahora están mejor las cosas. Sí, como lo están para la humanidad. No voy a compararme con la Edad Media, tenemos medicinas, tenemos anestesia, cuando uno se pone a pensar que operaban, que amputaban sin anestesia, realmente no nos puede caber en la cabeza. Pero que siga habiendo muertes de mujeres, que los hombres sientan que están en su derecho de castigar, de menospreciar, de insultar, de humillar o de apoderarse de la vida de una mujer, eso es algo que viene desde el fondo de la historia; es más, no sé en qué momento ocurrió, pero yo creo que el hombre primitivo era más inteligente, trataba mejor a su compañera […] y además, realmente, tenemos mucha menos fuerza que los hombres. El más estúpido de los hombres nos da una trompada y nos tumba […], y eso se convirtió en una sociedad belicosa, en una clara desventaja, pero hoy está absolutamente agudizado. No es el tema a entrar, ustedes me preguntaron simplemente en qué me había inspirado, pero es interesante indagar qué es lo que está pasando.

Caro: En base a “Rosa, Violeta y Celeste” ¿Cuál fue la mayor satisfacción que te produjo?

Leonor: ¡Uff! Eso fue casi como mis hijos. Si me escucharan, me matarían.

(Risas)

Menna: Nosotros decimos que nuestros escritos son nuestros hijos. Cuidado con la critica demasiado destructiva, porque es mi bebé.

Leonor: Sí, sí, totalmente. Igual, ante eso, no me lo preguntaron, pero lo contesto: Puede doler la crítica, puede herir, puedo quedarme llorando o furiosa después de una crítica, pero no me hace modificar lo que he escrito. Eso soy yo y me hubiera encantado que te guste; no te gustó, lo lamento. Pero, además, interiormente lo defiendo como el lugar de la verdad, el lugar de la claridad. […]

Leonor Benedetto directora

Menna: ¿Tuvo algún obstáculo o dificultad a la hora de dirigir sus propios guiones? Algo que estuvo muy marcado, algo con los productores, actores…

Leonor: No, no, no. Yo creo que tanto una película como un trabajo largo, es una negociación con la producción, con los actores. Yo puedo necesitar un helicóptero que tire pétalos de rosas sobre una calle y a mí el productor me dice “Estás loca, no tengo plata para eso, no tengo posibilidades”, “Ahá ¿Qué posibilidades tenés?”, “Y no sé, ponerte dos nenitas que tiren pétalos de rosas sobre la calle”, “Dale, vamos con eso”; porque, en general, la simbología no tiene una sola manifestación.

Caro: ¿Considerás que es indispensable el vínculo o la empatía que tenga el público con la historia y con los personajes?

Leonor: No. Al público hay que agarrarlo y hay que cachetearlo por algún lugar. La tan famosa identificación, obviamente, favorece la cosa, pero si no se da, también. Tenemos que pensar que hay espectadores que no están abiertos a ciertas historias. Entonces, es bastante llamativo, por ejemplo, pensar… las dos últimas películas “Relatos Salvajes” y “El clan”, tienen una violencia y uno dice qué pasa. La Argentina está violenta. Esto es un análisis rápido de las cosas. Te muestran que, realmente, es una elección. Ahora ¿Dónde te sentís identificado? A lo mejor en “Relatos Salvajes” es un poco más fácil, pero en “El Clan” ¿Dónde te identificás y con quién? Viene muy fácil ponerte en víctima: “Ah bueno, eso fueron ellos, pero yo con eso no tengo nada que ver” ¿Perdón?

Menna: ¿Cómo define el éxito? ¿Considera que las historias exitosas son necesariamente buenas historias?

Leonor: ¿Cómo definimos el éxito? Si el éxito es rating, cantidad de espectadores, estamos en problemas, porque como una verdad luminosa, el público a veces acude masivamente —y me incluyo— a ver cosas que no están buenas. Yo me acuerdo, pero esto no hace tanto, no puedo decir “era jovencita”, no, no, leyendo “50 sombras de Grey” y diciendo “Esto es una mierda” y no poder dejar de leerlo.

[…]

Por eso, entonces, el éxito yo creo que es, en todo caso, si yo pienso en Van Gogh, atreviéndome a meterme en la cabeza y el corazón de Van Gogh, yo no creo que él haya sido muy feliz. Yo creo que es, lo que yo decía: Yo me sentí muy feliz haciendo “Rosa, Violeta y Celeste” ¿Si me hubiera gustado que tuviera 30 puntos de rating? ¡Sí! Pero no los tuvo y, entonces, ya escribirlo, dirigirlo, actuarlo y que sea emitido, que haya logrado concitar la voluntad de tanta gente ¡Wow! Es uno de mis éxitos más interesantes, realmente.

Menna: Usted ha mencionado en otra ocasión que “Herederos” o “Lobo”, por citar dos ejemplos solamente, las historias habían sido maltratadas por los alargues que habían tenido, por los cortes abruptos en el segundo caso ¿Por qué cree que esto se repite tan frecuentemente en lo que es nuestra ficción?

Leonor: Porque es un negocio y, entonces, si bien estoy convencida de que los artistas tienen que vivir de su trabajo… Además es muy nuevo todo lo que es televisión, todo lo que es ficción en televisión y no se sabe bien por dónde va. El que escribe, escribe a lo mejor entusiastamente y no sabe que, a lo mejor, al día siguiente le van a pedir que ese fragmento de historia se anule o que el que se iba a suicidar, no se suicide o ese que era malo, pase a ser bueno. Es porque interviene de manera bastante irrespetuosa la necesidad del negocio. Creo que es esa la razón principal.

Menna: Bueno y la última: ¿Qué consejo le daría a los nuevos autores que nos encontramos en formación?

Leonor: Antes que nada, dar consejos me parece la cosa más inútil que pueda hacer un ser humano a otro […] Pero el dar un consejo no sólo es inútil, creo que es irrespetuoso, yo creo que al otro, sobre todo, al más joven, al que viene atrás, lo mejor que se puede hacer por ese individuo es que lo mire a uno vivir, igual que como con los hijos, y ser ejemplar, ojo, sin comillas el ejemplar, ser ejemplo, simplemente. Ésa es la manera de ayudar, de poder decirle “Mirá, es por este camino“. Es saber que uno tiene una cámara oculta registrando todos sus movimientos, registrando su vida y que eso va a ser observado y recogido por las generaciones que vienen detrás. Hablo de esta secuencia generacional, porque no me va a pedir consejo alguien mayor que yo, con más experiencia o más éxito, me lo va a pedir gente que viene detrás. Entonces, me parece que yo no les puedo decir ni a ustedes, ni siquiera a mis hijos, lo que tienen que hacer. Creo que lo único que puedo hacer es decir cosas que me han servido a mí y después que ejerza cada uno la libertad de decidir si eso le sirve o no le sirve, pero de lo que estoy segura es que no sirven los llamados “consejos”.

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Menna Grimal
Guionista en proceso, ceremonialista en retroceso y otros delirios mesiánicos. Ultra leonina y pagana. Me casé con Guión, pero de vez en cuando tengo fantasías con el Teatro. Hija no reconocida de la televisión.