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La semana pasada nos enteramos a través de los medios de comunicación del bochornoso hecho en que una mujer fue echada de una plaza por estar amamantando a su bebé en público.

Ocurrió en San Isidro. Constanza Santos había ido al banco a hacer unos trámites, junto a su bebé, quien se irritó ante la larga espera y comenzó a llorar porque tenía hambre. En ese momento y sin dudarlo, buscó un lugar cómodo para alimentarlo. Todo tranquilo hasta que se acercaron de manera muy prepotente dos policías mujeres. Una de ellas le pidió su documento y el de su bebé, mientras que la otra le comentaba que no podía amamantar a su hijo en público, ya que había una ley que lo prohibía.

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La madre, sorprendida, les preguntó si era un chiste, ya que no conocía ninguna ley que establezca esto y que llamaran a su superior. Ante esto, una de las oficiales la agarró violentamente del brazo, mientras que la otra le decía que si no se retiraba, iban a llevarla a la comisaría por resistencia a la autoridad. Finalmente, se retiró junto a su bebé, que lloraba desconsoladamente.

El colmo de todo esto es que dos días después, la madre se acercó a tres comisarías, entre ellas la mismísima Comisaría de la Mujer, a un juzgado y a una fiscalía para hacer la denuncia por lo sucedido y ninguna quiso tomársela.

Ante toda esta indiferencia por parte de quienes, se supone, nos deben cuidar, decidió hacer público lo sucedido en una publicación en Facebook que rápidamente fue comentada y compartida por otras miles de personas indignadas ante este abuso de autoridad.

Este caso puso nuevamente en escena un tema que en Argentina aún está vigente y en discusión ¿Cómo es posible que en el 2016 el amamantar sea un tema tabú?

Viendo las noticias, me encontré con el doble discurso de una parte de la población, aquellos a los que les causa asco o rechazo el ver una situación de puro amor, algo natural como el que una madre alimente a su bebé. Estos sujetos son los mismos que después se sientan frente a un televisor a ver diferentes shows en los que se denigra y expone a las mujeres sólo para alcanzar unos puntos más de rating.

Se me hace imposible no comparar el amamantamiento en público de un hijo con el que una persona adulta se coma un choripan en la calle. La principal diferencia es que los bebés no entienden de momentos ni lugares, no deciden tener hambre, lo manifiestan a través del llanto, es una necesidad, un instinto ¿O acaso le podemos explicar a un bebé que llora a los gritos que no puede comer porque está yendo en un colectivo y hay mucha gente alrededor, a la que le parece desagradable la situación?

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En esta semana, sentí una opresión en el pecho, una mezcla de bronca e indignación absoluta escuchando a mucha gente decir que no tolera ver la lactancia en público, por lo que pensé: ¿Por qué simplemente no lo ignoran, al igual que lo hacen con la pobreza, la corrupción, la política, las personas sin hogar y la contaminación del medio ambiente? ¿O vamos a ser hipócritas diciendo que es mentira? Casi todos alguna vez miraron para el costado ante un conflicto social.

Vivimos en un lugar donde se exige a las madres que se vayan de una plaza por alimentar a su hijo, pero no se exige y critica con la misma intensidad a los políticos que, por ejemplo, limpien el Riachuelo, que es un problema que tenemos desde hace décadas y que tantos inconvenientes trae a la salud de quienes viven cerca de el.

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Imaginate estar almorzando en un restaurante y que de repente se te acerque el mozo y te pida que vayas a comer al baño. Quedarías sorprendido, quizás hasta te reirías de semejante ridiculez, pensarías que es un chiste de MUY MAL GUSTO ¿Es que a quién se le ocurriría tener que ir a comer al baño, rodeado no sólo de olores horribles, sino también de miles de bacterias? ¿Y si te piden que apoyes el plato sobre la tapa del inodoro? Nada romántico, ¿no? Es que es ilógico, casi inhumano. Bueno, todo eso que describí y que vos imaginaste como una situación tan desagradable es lo que le piden a los bebés: Que coman en el baño, sólo porque a algunos les molesta y les parece “provocativo”.

 

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