apagon

Era un lunes bastante común. Luego de un aburrido día de trabajo, había llegado a casa más o menos a las siete de la tarde. En realidad, no era muy tarde, pero como es invierno, el día se hace muy corto y anochece muy temprano. Cansado, empecé a desparramar por toda la casa mis múltiples capas de abrigo, pero de repente pasó algo inesperado: Una pequeña explosión afuera, las luces se atenuaron apenas dos o tres segundos… y toda la casa quedó a oscuras. Un apagón había ocurrido en toda la manzana.

El silencio era total, el más mínimo movimiento podía quebrar esa perturbadora calma. De repente, se empezó a escuchar el sonido del motor de un auto, cada vez más cerca… Había algo en eso que inquietaba, que me obligaba a espiar por la ventana a través de la cortina o corriendo esa tapita que cubre la cerradura de la puerta (aunque fuera imposible ver algo). El suceso no pasó a mayores: El auto parecía buscar un lugar para estacionar, ya que por el ruido extraño que hacía, debía tener algún desperfecto técnico; mientras que el servicio de luz se restableció no más de una hora.

Esta situación me llevó a reflexionar: Si uno siente ese escalofrío helado cuando pasa una situación como ésta, ¿qué habrán sentido aquellas personas que estaban en el norte de nuestro país, más precisamente en Ledesma, hace 40 años atrás?

Los ingenios azucareros de Ledesma son los más grandes del país. La empresa maneja la mayor parte del mercado de azúcar y una gran parte del mercado del papel. Para rastrear los orígenes de este gigante agroindustrial, debemos ir hacia finales del siglo XIX. Sin adentrarnos demasiado en la historia de la empresa, nos podemos adelantar arbitrariamente al momento en que Carlos Pedro Blaquier, yerno de los millonarios ex dueños de Ledesma, se hace cargo de la compañía para convertirse en una de las personas más ricas del país (y lo sigue siendo).

Ya en el año 1976, la dictadura militar más sangrienta que conoció nuestro país esparcía todo su terror. La semana trágica del 20 al 27 de julio de dicho año, la usina de Libertador General San Martín parecía entrar en un mal funcionamiento. A las diez en punto, las luces se apagaron en todos los alrededores (menos en la fábrica del señor Blaquier), mientras que sus habitantes, desconcertados, presentían que algo no estaba bien.

Las frenadas de autos, los disparos y los gritos desesperados fueron el telón de fondo. Hubo alrededor de 400 detenidos, con más de 50 personas que integraron el triste total de desaparecidos. Por su parte, la empresa Ledesma fue la encargada de facilitar vehículos para el transporte y detención, además de entregar información sobre líderes sindicales.

Este nefasto hecho se conoció como “La noche del apagón”. A su vez, las investigaciones sacaron a la luz que quien manejaba el suministro eléctrico era nada más ni nada menos que la empresa Ledesma. Luego de muchos años, el magnate Carlos Pedro Blaquier fue llevado a juicio, pero finalmente fue sobreseído por “falta de mérito”.

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www.urgente24.com – Carlos Blaquier Ledesma

Lamentablemente, este es uno de los tantos casos de complicidad empresarial con la sangrienta dictadura. Estos episodios no deben ser olvidados, la Justicia debe llegar tanto a aquellos que estaban en el poder como a aquellos que se beneficiaron con la tortura y desaparición de miles de argentinos. Es necesario que podamos decir Nunca Más de manera concluyente porque, como reza la frase: “Aquel pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla”.

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