Fueron quince horas de debate intenso, el resultado era incierto y, de hecho, la votación terminó siendo muy pareja. El cambio en el Código Civil se definió con 33 votos a favor y 27 en contra.

Mientras los senadores debatían, el frío y el correr de las horas no lograban que toda la gente que había colmado la Plaza de los Dos Congresos se desconcentrara. Allí estaban todas y todos esperando, como lo venían haciendo desde siempre, que por fin dejasen de ser discriminados.

Los festejos y la emoción llegaron pasadas las cuatro de la madrugada. Argentina se convertía en ese momento en el primer país de Latinoamérica —y el décimo en el mundo— en tener una ley que permite que parejas del mismo sexo puedan contraer matrimonio. Y esta decisión merecía que los allí presentes, que representaban a todos los que pelearon por la igualdad y para que se reconociera ese derecho, desbordaran de alegría y felicidad.

“Aquella noche fue una noche muy fría. Habíamos puesto unas pantallas para seguir el debate. Mucha gente se refugiaba en los cafés cercanos, porque realmente hacía mucho frío y como estaban repletos, también se hacían fogatas en la plaza para seguir los discursos de los senadores”, recuerda María Rachid, Secretaria General de la Mesa Nacional por la Igualdad y titular del Instituto contra la Discriminación, creado recientemente por la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires.

Rachid sostiene que aquella madrugada “no era la culminación de una lucha. Todo lo contrario. Era alcanzar esa herramienta de la igualdad jurídica, que era fundamental para seguir trabajando por la igualdad real que, en definitiva, es el objetivo más importante”.

Y esa ley no salió porque sí… Hubo una lucha que llevaron adelante diversos organismos y movimientos sociales; muchos años de dolor, de silencio y de discriminación. Pero cuando se pelea por algo justo, los resultados aparecen en la realidad y los derechos, que para todos deben ser iguales, por fin se pueden conquistar.

Porque las equidades muchas veces parecen descansar en el tiempo, en el orden establecido. Pero esos derechos, que hasta ese momento permanecían adormecidos, se hacen realidad y empiezan a ser parte de la sociedad, que debe respetar que ahora se vive una igualdad en el país y que siempre que existen las mismas oportunidades, se puede avanzar más y mejor.

“No solamente es una ley que garantiza derechos que pueden ser fundamentales en la vida de una familia, como compartir una obra social, poder dejarle una pensión a la persona que amás cuando uno fallece o compartir los derechos con tus hijos. Pero no solamente se trataba de derechos concretos, sino del acceso a la igualdad, un mensaje del Estado para trabajar contra la discriminación y la violencia de todos los días, para trabajar por una igualdad real, que es tan importante”, expresa María Rachid, luchadora y militante por los Derechos Humanos, y que hace casi un año, gracias a esta ley, está legalmente casada.

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Toda lucha lleva su tiempo y Argentina fue el punto de partida para que otros países de Latinoamérica también se plantearan ampliar sus derechos. El matrimonio igualitario es legal también en Brasil (2013), Uruguay (2013) y Colombia (2016).

Comprender al otro


Uno de los motivos de muchos legisladores y de sectores de la sociedad para oponerse a la ley fue la posibilidad de adopción —una vez aprobada la ley, el matrimonio puede adoptar—.

Muchos de los cuestionamientos carecen de fundamentación y son los que han llevado durante años a que todo cueste un poco más a la hora de igualar los derechos en la sociedad. Sin embargo, sirven para sacar a la luz debates que antes no podían darse y son necesarios para poder informar a la gente de que los actos discriminatorios en estas temáticas deben ser parte del pasado.

Cuando me refiero a que carecen de fundamentos, lo digo porque en Argentina una persona, más allá de si está en pareja o no, tiene el derecho de poder adoptar a un niño y quien decida criar a un chico y brindarle amor, puede estar en pareja con quien elija y convivir con quien decida para ser feliz.

Según la Convención sobre Derechos del Niño, incorporada a la Constitución Nacional por la reforma de 1994 (art. 75 inc. 22), dice que “el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”. Todo chico tiene derecho a una familia y que esa familia esté conformada por una pareja de hombres o de mujeres, no significa que ese niño vaya a ser diferente a los demás.

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Debemos avanzar en lo que respecta a la información para que todos sepan que tienen este derecho, que es la adopción, y para que puedan llevarlo a cabo sin los prejuicios de la gente. Tampoco hay que dejar de lado las barreras que el sistema tiene . Por supuesto que debe haber máximo control, pero en todo caso de adopción y no con especial énfasis en las parejas homosexuales. Además, se debe tratar de agilizar los tiempos burocráticos para que a la familia no se le vuelva un sufrimiento lo que debe ser un acto de amor.

Según registros oficiales, 15 mil niños están en condiciones de ser adoptados en nuestro país. Es necesario informar, brindar asesoramiento y seguir adelante en esta lucha; no bajar los brazos y permitir que esos chicos tengan el derecho a formar una familia que no depende sólo de un padre o de una madre, sino del amor que puede brindarse a una persona para que ésta crezca plenamente.

Se cumple un nuevo aniversario de que el matrimonio igualitario es ley en el país; a seis años de un derecho y de un sueño, y de saber que vivimos en un mundo más igualitario.

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