Felicidad Fuente: Plurum
Fuente: Plurum

El martes no fue mi día. De verdad no lo fue. Por empezar, quiero decir que sufro de una enfermedad llamada “Todo al último momento-tis” ¿No me creen? Bueno, Google amigos ¿Ya lo hicieron?…  Ah, lo van dejar para el final. Mientras, les voy contando así, en flash, qué me pasó el martes.

Me levanté tarde, hice huevo hasta tarde. No me organicé hasta que fue demasiado tarde. Se me hizo tarde. No encontraba la SUBE y el reloj me decía que estaba llegando tarde. Para cuando la encontré y corrí hasta la parada, ya era tarde. Encime había enviado un e-mail importante para esa fecha, pero mientras iba durmiendo mi segunda siesta, porque el viaje hasta donde curso me lo permite, me levanté de golpe y en mi mente se creó una duda tan grande como el sentido de la vida y era si había enviado el  e-mail. Sin teléfono, porque como boludeé hasta tarde, no lo cargué. Entonces, tomemos todo eso y le sumamos el tráfico y una tarjeta del subte vencida, lo agitamos por unos treinta minutos, mientras lentamente vamos agregando hormonas adolescentes en recesión. Eso, mis amigos, se llama “Nacho Enojado”.

Hasta ahora es otra historia más acerca de vivir en la implacable ciudad, mientras viajaba en un ruidoso vagón en el que, por primera vez en mucho tiempo, simplemente exhalé y me di cuenta de lo torpe que era todo. De lo superficial de todo. De la respuesta a una pregunta que me surgió mientras escribí esto.

Superm y Batman, Selfie Time
Fuente: Newsrama

¿Qué es ser feliz?


Antes de hablar de mi propia historia, les voy a contar dos que escuché a lo largo de la semana.

Mi abuelo tiene 83 años. Los dos somos muy unidos. Todavía me dice “Inacito” cuando lo saludo y aún me quiere enseñar a jugar a la pelota. Él vivió una vida que sólo era posible en un época donde los hombres usaban gorros y jugaban a la pelota de zapatos. Una época que, como ellos, es sólo un recuerdo esperando a ser olvidado.

Mi abuelo pasó conmigo muchos días mientras yo crecía y hace unos 1460 días se quedó completamente ciego y hasta hace 730 días, también era sordo. Por muchos de esos días fue infeliz. Verlo llevarse puesto la puerta que hace unos 50 años instaló él mismo es… bueno, eso es horrible. Pero antes de tirarnos debajo un puente, esta semana, después de varios meses de estudio y espera, sus audífonos estaban listos. Toda mi familia lo acompañó hasta la clínica y tuve el enorme placer de ser el primero en hablarle en mucho tiempo ¿Que qué le pregunté? Si sabía cuánto había salido Racing.

Pasados unos días volví a ver a mi abuelo, por eso de la naturaleza del guionista que nos obliga a preguntar qué es lo que pasa por la mente de todo el mundo, en nuestro intento constante de descubrir historias que contar. Así que, con cuidado, me acerqué a su oído, salvo que esta vez no grité como hacía antes, y con un calmo susurro solté una pregunta que tuvo como respuesta una sola palabra: “Feliz”.

La segunda historia me vino a la mente el  mismo día que su servidor se sentó a reescribir el antiguo artículo sin corazón.

Mi novia y yo somos amigos hace bastante tiempo, pero nunca pensamos que pasaría todo lo que pasó en estos casi 300 días juntos, pero pasó y no nos arrepentimos de nada,  salvo la vez que hicimos ring-raje en Haedo y me caí, pero esa es otra historia. Lo importante fue lo siguiente, mientras ella esperaba que terminara el artículo de la semana pasada, el cual puede ver acá, en “Puntadas con Hilo”, obviamente.

“Game of Thrones” o aquello que le da sentido a los domingos

Así que mientras el tiempo pasaba y yo escribía, con gusto y pasión, con orgullo y amor, ella me veía con tanta intensidad que yo veía las letras aparecer. Ella solamente me veía escribir con esa tan bonita sonrisa que tiene, esa que hace que se le cierren los ojos y esté obligado a decirle “coreana”. Esa que me hizo besarla cuando la vi. Esa que me después me llevaría a hacerle una pregunta que tuvo por respuesta una sola palabra: “Felicidad”.

Volvamos al principio. Dije que algo me pasó que me sacó ese enojo, ese mal humor y mil millones de emociones negativas. La explicación es tan difícil como fácil de decir. Hasta podría parecer el mal remate de un mis malos chistes, pero es 100% real:

La sonrisa de un bebé que subió en brazos de su mamá y se puso a jugar con ella.

Eso sólo, ese pequeño momento, esa idea de inocencia dentro de un mundo de tardes y apuros.

Carajo. Si estás leyendo este artículo y por lo menos tuviste el esbozo de una sonrisa, entonces hice bien mi trabajo porque, por un momento, un momento de esos en que describí lo mejor que pude y todo lo que encierra, eso, mis amigos o amigas, eso es la respuesta de una sola palabra. Así que no sé si responde fielmente a la pregunta del comienzo. Quizás no responde a nada. Quizás sólo desvarío. O quizás sólo disfruto este momento mientras escribo ¿Quizás así soy feliz?

P.D: Sí había enviado el e-mail.

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Nacho Ramirez
Nací con el control de la tele en la mano. Veo películas y series tan seguido que hasta me olvido de que tengo una vida. Soy un eterno enamorado de las historietas y las novelas. Prometí leer la saga de "Canción de Hielo y Fuego" en menos de 5 meses. Hoy puedo decir "Mission Accomplished".