Creo que así como hay gente que nace con una estrella, hay gente que nace con mala suerte, sí. O, más bien, gente que nace con una probabilidad enorme de que le pasen cosas que, de tan malas, son graciosas. Hola, me llamo Jorgelina, soy de las personas que van al kiosco 24 horas y lo encuentra cerrado.

Lo bueno de esta situación es que he aprendido a reírme de mí misma y, sobre todo, a hacer reír a mis amigos con todas las cosas que me pasan. Por ejemplo, empecé a trabajar en enero en una cerveteca (como vinoteca, pero de cervezas) y desde entonces no ha pasado un mes sin que rompa algo, porque además de tener mala suerte, soy re torpe.
Peeero, como siempre hay excepciones, descubrí que hay gente que tiene todavía más mala suerte que yo y en este pequeñito relato, les voy a contar algunas situaciones que me han hecho reír MUCHO, pero muchísimo, y que gracias a Dios no me pasaron a mí.
golpe
  • La primera: Un día esperaba a mi novio afuera de su facultad, había llovido y el parque que rodea el edificio tenía un poco de barro. Siempre hay perritos ahí, ya que viven de lo que les dan los chicos, y en ese momento estaban jugando dos de ellos, bastante grandes, por ahí. Con tanta, pero tanta mala suerte, que venía una chica bajita caminando cargadísima, cruzando el medio del parque como si no hubiera camino. Para acortar el tramo, me imagino. Para no dar más vueltas, los perros se le atravesaron corriendo (jugando siempre) y la tiraron al diablo, pero fue una caída muy chistosa, porque cayó como un bloque: Dura, dura. Yo quería disimular, pero se me caían las lágrimas de la risa, porque estaba tan pesada la mochila que no se podía levantar y, para colmo, se embarró hasta la coronilla y los perros ni se pararon a olfatearla.
  • La segunda: Los días de lluvia en La Plata suelen ser una catástrofe siempre, porque no hay una sola vereda sin baldosas flojas y si tenés que caminar, SÍ O SÍ te vas a mojar. En fin, yo iba corriendo al trabajo, siempre tarde. Se bajó de un auto en medio de la lluvia una chica impecablemente vestida, y se paró en la esquina, esperando cruzar… Mala decisión. Pasó un auto a fondo, agarró todo el charco y la salpicó de pies a cabeza. Debe haber querido abrazar al buen conductor. Esta anécdota no es graciosa, pero demuestra que las cosas malas no están todas reservadas para mí.
  • La tercera y última: Hace mucho, en mi pueblo salíamos y nos quedábamos sentados en las ramblas, que estaban diseñadas para eso. En ese tiempo se habían empezado a usar los tacos de madera, que no tienen mucho agarre al suelo. Una chica salía del boliche, justo en el momento en el que yo miraba, se tiró el pelo para atrás, se acomodó el vestido, muy top, y empezó a caminar moviendo la cadera de lado a lado, no sé, una cosa rara… La mala suerte, mi amiga, quería conocer gente nueva. El golpe que se pegó esa chica no tiene precedentes. Poniendo un pie adelante del otro, caminando como “modelo”, se le trabaron los pies, porque, obvio, no era modelo, y fue a parar al piso con las piernas enredadas y los ojos de todo el mundo encima. Yo me retorcía de la risa porque, por primera vez, no me pasaba a mí (en mi último golpe duro, me quebré dos dientes), y ella desde el suelo gritaba “¡No te rías, boluda!” Bueno, fue muy de película, me tenía que reír. Cuando se levantó, le faltaba medio tobillo del raspón que tenía. Ahí ya no me reí más.
Próximamente, prometo contar mis historias, así todos nos reímos de mí y no de la desgracia ajena.
Comentarios