días de lluvia

¿Por qué somos diferentes los días de lluvia? ¿O será que nunca somos civilizados?

En los últimos días de lluvia que padeció la ciudad de Buenos Aires y que en lo personal disfruté a más no poder, he tenido la gracia de mantenerme con los ojos abiertos y llegar a una conclusión: en esos días los seres humanos nos convertimos en primates.

Un pequeño dato: Yo amo la lluvia en cualquiera de sus magnitudes. Pero en estos días en que la gente pasa por al lado corriéndote, no tanto. Cuando la gente te choca con los paraguas, no tanto. Cuando la gente ocupa los techitos, no tanto.

Soy una convencida de la figura de la lluvia como bendición. Capaz porque me lo inculcaron desde chica, para que no le tenga miedo o para que no llore si no se podía salir de casa. Entonces, tengo una relación muy linda con la lluvia y con las tormentas. Es más, algunos hitos de mi vida fueron encuadrados por ella.

En fin. El punto es que observé mucho antes de arribar a mi conclusión. Para ser exacta, durante los cuatro días que tardó la situación tormentosa en emprender la retirada. En esos días y, paradójicamente, me tocó caminar mucho y salir en varios momentos del día de mi casa. Y así, empecé la investigación.

Peatones en días de lluvia

La humanidad se vuelve muy desconsiderada cuando llueve. No sé si la verdadera razón es la lluvia o si en realidad somos así todos los días y la lluvia lo potencia. Los automovilistas no tienen paciencia ante los peatones que esperan como pollitos mojados para cruzar la calle. Los peatones se insultan unos a otros si se mojan con los bordes de los paraguas ¡Uh! ¡Y si pisás una baldosa floja y salpicás al de al lado, estás condenado al infierno! El colectivero pasa bien cerquita del cordón y parece que anotara más puntos si te deja embarrada de pies a cabeza. Y los chicos… ¡Ay, los chicos! Ellos disfrutan de mojarse como todos nosotros debiéramos. Pero teniendo en cuenta el lío que es caminar con paraguas, mochila, piloto, bufanda y otros elementos típicos de la lluvia de invierno, es conflictivo.

Tratando de buscar una explicación, la encontré en que todos los días somos algo desconsiderados con el que pasa a nuestro lado. Pero los días de lluvia, más. Entonces, mi llamado es a que yo, vos, él, ella, nosotros, vosotros y ustedes hagamos de los días de lluvia algo distinto y dejemos de ser primates. Los primates puede que no sepan qué hay otro al lado, pero sus primos, sí.

Vos, peatón, tené paciencia. No quieras hacerte el vivo y cruzar rapidito, que los días de lluvia el auto responde diferente y si no frena, claro, la culpa es del otro. Vos, automovilista o motoquero fachero, no me quieras apurar al cruzar, si mojados ya estamos. Y yo más que vos. Vos, colectivero, evitame el llegar a donde-quiera-que-vaya hecha sopa. Y evitá pasar por las cunetas, que no hay ningún viejito en la esquina para levantar… y no vas a ganar puntos por mayor cantidad de gente mojada.

niños en charcos

Y vos, que leés, salí como yo a disfrutar de la lluvia que, aunque el mundo esté loco, vale la pena ser primates en un día de lluvia ¿Qué importa si somos primates, si al fin y al cabo, seremos niños primates que no tienen miedo de la desprolijidad de llegar empapados después de la tormenta de gente?

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