Prohibido Estacionar

Estacionar en doble fila puede llegar a ser también un estilo de vida ¿Se nace, se hace o esta noble sociedad provoca reacciones en cadena tan difíciles de manejar como el abrir una gaseosa familiar hiperagitada? La doble fila no se limita sólo a maniobras realizables con algún rodado en particular, sino a cualquier tipo de viaje con el cuerpo: cada cual tiene su propio motor y esto siempre puede generar conflictos.

Para retirar a los criollitos está bien estacionar “como venga” y hasta podría decirse que está socialmente instituido que así es como debe ser. Todos sabemos que los jardines y colegios son caóticos, especialmente en las horas de circulación convulsa. Incluso Violencia Rivas, esa señora de la tele que es tan calmada y pasiva frente a la sociedad —“pasiva las pelotas”, diría, como mínimo, si hoy me leyera—, soportaría con ternura una doble fila educativa ¿Pero todas las calles del centro son aptas para estacionar por duplicado?

Y que nadie diga que es sólo “un ratito”, porque si cada gil o cada gila con licencia va a andar levantando así sus excepciones, las calles de las grandes ciudades estarían colapsadas o como están ahora. Sospecho que estropeamos minutos de muchas vidas ajenas cuando dejamos el auto en un lugar indebido. Reconocer que actuamos mal ya es un primer paso.

Porque no es lo mismo ser un miserable inconsciente al volante que una persona consciente de su inconsciencia que actúa con una imbecilidad deliberada y patente.

¿Un país dividido hasta para manejar?


No creo que la división urbana se dé entre quienes las prefieren dobles y quienes van por las filas simples, que llevan más tiempo, ya que puede implicar estacionar a 14 cuadras y después caminarlas dos veces. Pienso que todos, en algún momento, nos pasamos por arriba de las reglas, como si las identidades fueran hoy más que nunca dinámicas e intercambiables. Necesitamos recuperar los códigos en las grandes ciudades, zonas de bocinas perdidas y de balizas orquestadas a las que incluso es posible acostumbrarse…

Estacionar en doble fila

¿Y si esa “falta ciudadana” escondiera, además, manifestaciones más profundas, de lejanía hacia el resto de las gentes, por ejemplo? Opino que ayudaría a pensar esto si vemos el chasis de los autos como muros móviles, dentro de los cuales cada quien maneja sus propias reglas y quiere transmitir eso a su entorno urbano. Sin que importe estar o no en un espacio público tan transitado —o intransitable—.

Multiplicar el caos: con-ciencia


El antropólogo Marc Augé publicó en 2011 una autobiografía llamada La vida en doble: etnología, viaje, escritura”. Toma de una cultura africana la expresión “actuar en doble”, que originalmente se refiere a las acciones de quienes “tenían fama de atacar a sus seres cercanos, devorarlos lentamente desde adentro o aniquilarlos de un golpe mediante un ataque fulgurante”. Augé lo toma en un sentido menos conflictivo —el otro también podría aplicarse a casos puntuales referidos a esta nota—: ese poder que tienen los que escriben para desdoblarse e influir en otros con sus reflexiones. Otros poderes. Otras formas de conducción.

En una conferencia de 1972, el matemático y meteorólogo Edward Lorenz sintetizó la teoría del caos en lo que hoy podríamos considerar un magnífico tuit: “El aleteo de una mariposa en Brasil puede producir un tornado en Texas”. El famoso “efecto mariposa”, que originalmente habla de que las pequeñas alteraciones en la atmósfera pueden cambiar terriblemente el clima. Un tema que ya dio abundante material a las industrias culturales del cine o la literatura.

Dicho todo esto, en definitiva, podríamos señalar que hay pocas cosas tan caprichosas como conducir un auto o una bicicleta, mis dos medios de locomoción favoritos. Para algunos puede ser una experiencia tediosa, estresante y complicada o divertida, liberadora y fácil de realizar. Vamos de paseo, pi-pi-pi…

Claro que para manejarse bien en sociedad y sobrevivir para contarlo hay que tener los reflejos siempre alertas y un touch de paciencia para evitar que se despierte la bella mariposa del caos. Desplazar nuestros cuerpos por las calles puede ser, aunque no lo parezca, la forma más absurda y cotidiana de sacar a la luz qué códigos reales manipulamos.

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