Henry Rollins

Dicen aquellos a quienes les gusta repetir refranes que “el que mucho abarca, poco aprieta”. La interpretación más sencilla de esto es que habría que dedicarse a una tarea en particular como para asegurarse de hacer algo bien y poder triunfar en la vida. Pero digamos la verdad, dedicarse exclusivamente a una cosa,  aún teniendo éxito, ¿no termina aburriendo a cualquiera?

En lo personal, soy gordo fan de todo, sea artista o humano mortal, siempre que pueda volcarse con pasión a más de una disciplina —posiblemente por el triste hecho de que a mí me cuesta horrores esa clase de compromiso—. Dentro de esa categoría entran varios, como Mike Patton con sus incontables proyectos musicales, o Maynard Keenan, pasando de cantar en Tool a cuidar sus viñedos, por tirar dos nombres. Pero el caso de Henry Rollins se destaca como una especie de campeón del no-encasillamiento.

Rollins en vivo se destaca por su presencia imponente

¿Cómo te das cuenta de la versatilidad de un artista, de su imposibilidad de quedarse quieto en una actividad? No sé si exista una única manera de hacerlo, pero una de ellas, definitivamente, tiene que ser el tener el primer contacto con dicho artista por alguna de sus actividades paralelas, en vez de su “profesión principal”.

Esto viene a cuento de la exposición de quien escribe a “Johnny Mnemonic”, una película noventosa de ciencia ficción ciberpunk, donde Rollins cumple un rol secundario, entre los hoy estelares Keanu Reeves, Dolph Lundgren y Takeshi Kitano. Pero la carrera del musculoso tatuado empezó mucho antes, en un lugar muy distinto.

A principios de los 80, Rollins tenía un trabajo normal en Häagen-Dazs y un gran amor por la banda punk californiana Black Flag. Una noche, en uno de sus shows, ese amor le fue correspondido de una de las mejores formas posibles: lo invitaron a cantar una canción y eventualmente le ofrecieron el puesto de cantante. Sin nada que perder, más allá de servir helados, Rollins comandó la banda durante varios años hasta su disolución. A partir de ahí, sus opciones no hicieron más que multiplicarse.

Siguió cantando, esta vez al frente de la Rollins Band, y empezó a incursionar en la actuación, en papeles tan diversos que iban desde el médico callejero Spider en Johnny… hasta un supremacista ario en la segunda temporada de Sons Of Anarchy, pasando por interpretaciones vocales en animaciones de Batman, Green Lantern y La leyenda de Korra.

En el medio, publicó varios libros desde su propia editorial, fue conductor de programas de televisión de temáticas diversas (presentando música en MTV o datos históricos en History Channel), así como también fue comediante de stand-up.

Dentro de pocos días va a estar debatiendo en un panel junto a otras personalidades punk-rockers, como parte de un tributo a Johnny Ramone.

Henry Rollins
Henry Rollins bajándole los humos de estrella a sus colegas musicales

Todo esto no quiere decir que Henry Rollins apriete mucho en alguno de esos ámbitos, pero su filosofía del “Do it yourself” heredada de sus raíces punk le dan la libertad de decirle que sí a lo que se proponga él o a lo que le ofrezcan hacer.

Tal vez sea verdad que el que mucho abarca poco apriete pero, a fin de cuentas, abarca mucho. Así no hay posibilidad de aburrirse.

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