Las Bikinis

El 5 de julio se cumplieron 70 años de la presentación de las bikinis. Su creador, Louis Reard, era en realidad un ingeniero automotriz. Su única incursión en el mundo de la moda bastó para revolucionar el mundo de los trajes de baño.

El traje de dos piezas que conocemos como “bikini” tomó su nombre gracias a la “explosión” de popularidad y controversia que provocó, haciendo alusión al atolón Bikini, ubicado en el océano Pacífico, donde se realizaban pruebas nucleares.

Para que entiendas la polémica que causó esta prenda que emulaba la ropa interior femenina, voy a remontarme un poquito al pasado. En el temprano 1900 las mujeres tenían que usar trajes de baño que incluían medias, zapatillas, un camisón y una camiseta. Para terminar de rematar la cuestión, las mujeres entraban a la playa escoltadas por doncellas en una especie de carreta cerrada. Hoy en día nos resulta inimaginable. En aquel contexto, Reard creó y presentó esta ¿revolucionaria? prenda.

La controversia en torno a las bikinis


Así como es cierto que Louis Reard recibió alrededor de 50.000 cartas de hombres fanáticos de su diseño, también existían grupos detractores que sostenían con firmeza que las bikinis eran moralmente incorrectas, inducían a la lujuria, desvalorizaban a la mujer e incluso tenían cualidades satánicas. En un mundo de posguerra, fuertemente condicionado por valores conservadores, patriarcales y religiosos, este invento no tenía lugar.

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No fue hasta los años 60 que las bikinis se vieron en las playas del mundo, reemplazando al traje de baño enterizo popular en los años 50. No es casualidad que las bikinis vengan de la mano con la revolución sexual. La píldora anticonceptiva, el movimiento feminista, el divorcio y discusiones relacionadas con el aborto legal “aflojaron” las cuerdas de la moralina social que sometían a la parte femenina de la población. Fue cada vez menor la resistencia a la exhibición de los cuerpos.

La hipersexualización femenina


Ante los avances podrías llegar a pensar que las mujeres consiguieron los derechos por los que luchaban. Sin embargo, el patriarcado se las arregló para asumir un nuevo rol opresivo y empezamos a percibir la hipersexualización de las mujeres en los medios de comunicación masivos.

El primer ejemplo en el que puedo pensar es en la atemporal Marilyn Monroe. Fue reducida por el cine a una serie de adjetivos dignos de una figura decorativa. Los papeles que le ofrecían a representar hablaban de damas sumisas que sólo servían para enamorar caballeros. Un objeto sexual de calendario, destinado a satisfacer las exigencias estéticas de los hombres y servir de modelo para el resto de las mujeres. Así debían verse mientras cumplían el mandato de ser amas de casa, madres y sirvientas. Resulta evidente que las exigencias estéticas fueron irreales desde el comienzo.

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Hoy en día la estructura de mandatos sociales es mucho más amplia y feroz. Basada en los mismos principios de mujer-objeto, se nos exige ser hermosas (entendiendo la belleza como sinónimo de delgadez, rasgos anglosajones y proporciones irreales), jóvenes, femeninas, madres, trabajadoras y amas de casa. Quedan excluidas las diferencias propias de la humanidad, el paso del tiempo, las ambiciones personales o cualquier intento de autodeterminación. El monopolio de la autoestima es de los medios.

El trasfondo de la supuesta libertad sexual


Es importante que detectemos y tomemos acción contra estas dinámicas opresivas. No es muy difícil detectar cuándo existen derechos y libertades, y cuándo existen mandatos y restricciones ¿Somos realmente libres de mostrar nuestros cuerpos, cuando los únicos cuerpos que pueden ser vistos y deseados son los que encajan en los estereotipos nos encontramos ante una limitación? Si recibir violencia por mostrarse es normal, vemos la otra cara de la supuesta libertad sexual.

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