Juan Minujin y MartinaGusmán.

Un hombre se escapa a toda velocidad por los techos de una villa, la policía lo persigue, la gente se esconde en sus casas. Está sangrando, exhausto, lo rodean, los uniformados le apuntan y se lo llevan detenido. Comienza el encierro en la cárcel y con una misión para volver a recuperar la libertad: rescatar a una chica secuestrada que está retenida en el penal.

Juan Minujín  protagoniza “El Marginal” —la nueva serie producida por Sebastián Ortega—, un drama carcelario en el que interpreta a “Pastor”, un ex policía exonerado que se infiltra entre los presos por pedido de un juez federal, cuya hija fue secuestrada y por la que debe pagar una suma millonaria para que sea liberada. El policial otra vez en la pantalla chica y con una trama que refleja las desigualdades del sistema, que tanto dentro como fuera está manchado de irregularidades.

La cocaína y la marihuana están ahí tan presentes como las facas, el vigilante que tiene su propio negocio y el asesino que espera con ansias salir para volver a matar ¿Nos toma de sorpresa o nos llama la atención todos estos nudos del argumento? Es raro que nos encontremos con algo que desconozcamos, porque ahí, como en la realidad, nadie parece tener salida y casi ninguno presenta el mínimo interés en poder rehabilitarse… O si lo quiere, no hay nadie que se lo permita.

juan minujin y Geraro Romano

La serie, realizada durante la gestión de Cristina Kirchner, es transmitida por la Televisión Pública, todos los jueves a las 22.30. Cuenta con un formato de 13 episodios de 45 minutos y fue filmada, al igual que “Tumberos”, en la ex cárcel de Caseros, en el barrio de Parque Patricios. Entre los principales actores del elenco, se destaca la figura de Gerardo Romano, quien interpreta al director del establecimiento penitenciario, y de Martina Gusmán, que lleva adelante el papel de asistente social.

Un sistema corrupto


No existen bandos buenos. Hasta el propio héroe parece no estar limpio, ya que comienza su trabajo contratado por un juez que se queda con un vuelto de un grupo de delincuentes. Su trabajo, que consiste en salvar a una niña secuestrada por este grupo de ladrones estafados por el magistrado, cambia a intentar salvar su propia vida.

Nos muestra desde cerca la cruda realidad. Temas que conocemos, que no nos importan como ciudadanos, pero que a la vez nos asustan. Detenidos que salen para cometer ilícitos con el aval de las autoridades; salidas transitorias por buena conducta (¿a qué se le llama buena conducta?), peleas y muertes entre los mismos reclusos y un Estado sin políticas concretas para tratar todas estas problemáticas.

marginal

En el futuro, una escuela


La cárcel de Caseros fue inaugurada por Jorge Rafael Videla en plena dictadura militar, y cerró sus puertas en el año 2000, después de que los últimos presos fueran trasladados al penal de Ezeiza. En esos días, el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires (Aníbal Ibarra era el Jefe de Gobierno en ese entonces) prometió una inversión de 1,5 millones de dólares para la construcción de una escuela pública y de un centro cultural. Por supuesto, como suele pasar con las promesas de los políticos, dichos emprendimientos quedaron en la nada.

“Este es el fin de una cárcel que fue símbolo de un modelo que privilegia el encierro y que no sirve para la recuperación de los presos: nadie se puede rehabilitar en un lugar donde los detenidos pasan todo el día mirando el techo, sin ver la luz del sol”, decía Patricia Bullrich al diario Página/12, quien en ese momento ocupaba el cargo de  Secretaria de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios, y que fue la encargada de desalojar el predio.

Por esos días, la ahora flamante Ministra de Seguridad de la Nación jamás imaginó que muchos años después pasaría por un papelón mundial al confirmarle al mismísimo presidente Macri que había capturado a prófugos que todavía estaban sueltos por las calles.

“El marginal” obtuvo el Gran Premio del Jurado del Festival Series Manía en París y hay negociaciones para la realización de una segunda temporada.

Ahí permanecen ellos, entre rejas y paredes rotas. Otros, en cambio, gozamos de la libertad de este lado de los muros, pero no por eso dejamos de ser marginales.

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