Klaus Miller

Anoche estaba en el despacho de un conocido empresario textil, cumpliendo funciones como asistente, cuando después de unos minutos de silencio, me expresó su inquietud…

—Hay algo en tu mirada que no me cierra, no es una mirada común. Me provoca inquietud.
—¿Por qué dice eso?
—La mirada es el espacio más incorruptible del humano, es la ventana a la miseria y la bondad que no se puede disfrazar.
—No entiendo qué me quiere decir, ¿qué ve en mí?
—Traición, veo traición, temor en esos ojos.

Hizo un silencio…

—Yo sólo te diré algo, mi estimado Beto… Si mi sospecha es certera, voy a descargar toda mi frustración, insertándote una hermosa bala en ese cerebro tan perverso que tenés.
—Tranquilo, señor, tome su medicación, por favor.

Le acerqué una bandeja con un vaso de agua y un platito con sus pastillas. Él se metió las pastillas en su boca, tomó el agua y no dejó de mirarme agudo, punzante. Es un hombre astuto, sabe que estoy ocultando algo.

Yo sabía que en minutos, mis compañeros, el Grupo Especial de Asalto de la Policía iba a irrumpir en ese lugar. con la orden de matar al tipo más hijo de puta del país, ése que se me había asignado como misión.

La infiltración en su círculo no fue fácil, fueron años de sometimiento a pruebas y de trabajo juntos, tantos momentos que su maldad ya me era familiar y me provocaba un sentimiento ambiguo. No entendía si lo odiaba o si en realidad le estaba tomando cariño.

Eran las once menos dos, en breve tenía que tomar posición en el lugar calculado milimétricamente durante meses, pero estaba nervioso y asustado, porque un error era una ventaja para él y la muerte para mí.

El fino reloj de pared dio la hora en punto, me agaché detrás del escritorio, justo cuando estallaron los vidrios y reventó la puerta. Gritos y tiros me aturdieron hasta que levanté la mirada y vi a Miller malherido. Asomando y dejando caer sangre de su boca, me dijo:

—Sabía que me ibas a cagar…

Con sus pocas fuerzas me apuntó, creo que a la cabeza. Yo cerré los ojos.

Él murió,  lo acribillaron y yo desperté de este increíble e intenso sueño, esperando que me pase algo interesante en mi día de domingo.

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Beto Sayes
Guionista de Radio y TV, locutor, dibujante y músico. Me defino como un intelectual sin escritorio, rebelde, sintético y poco ortodoxo. Prefiero mil veces la popularidad antes que el prestigio.