Juana de Arco es un personaje que despierta todo tipo de curiosidades en la gente, no sólo por su muerte —que ya sabemos que es un ícono carbonizado de la Santa Inquisición—, sino por cómo pasó su existencia por este mundo, que fue relativamente corta, pero efectiva, como tantas otras cosas de la vida.

Alrededor de esta, ahora sí, santa mujer de la Iglesia Católica, se erigen todo tipo de teorías y, también, de hechos irrefutables, porque los documentos de su juicio quedaron intactos al paso del tiempo.

Todos o casi todos hemos visto las películas sobre la llamada Doncella de Orleáns y el final, que está cantado, es su incineración en la hoguera y ya está. De estos films es el único jugo que podremos exprimir porque, obviamente, no hay final más épico que ver a Juana consumiéndose entre las llamas, mientras grita y agoniza hasta extinguirse cual Willy, el escocés.

Sin embargo, según algunos registros históricos, hubo otro final para la valiente guerrera que, posiblemente, sufría esquizofrenia o consumía algo extraño que la hacía escuchar voces… bastante particulares, hay que admitir.

Todo el contexto histórico fue en contra de Juana, puesto que cerca a esa época hubo un mago que aparece, indefectiblemente, en toda serie fantástica que se precie como tal: Merlín. Él predijo que una mujer llevaría a Francia al desastre y otra recuperaría toda su gloria milagrosamente. Entonces, llegó Juanita.

Desde chica, la nena fue especial. Hablaba con sus amigos imaginarios, como cualquier chico de su edad, pero con la particularidad de que en ese tiempo, lamentablemente para Juana, no había Power Rangers ni nada similar. Así que las criaturas más increíbles de su imaginario eran los ángeles y los santos ¿Y con quién dijo, entonces, Juana que conversaba a diario? ¡Bingo!

Juana rápidamente creyó que Merlín se refería a ella con lo de la salvadora. Así que cazó la armadura, propia de los hombres, y el caballo y se fue en busca del rey de Francia, ganando adeptos en su camino. Y no se equivocó, porque Juana, efectivamente, liberó Francia de los ingleses. Lo hizo sin apoyo del monarca, sin gran cantidad de hombres y sin estudios estrategas.

Juana de Arco

Comenzó a ganar batallas y el reconocimiento del rey, cosa que al clero lo puso verde de envidia, tanto que recordaron que la adivinación está prohibida en el cristianismo e iniciaron una campaña de desprestigio (y eso que no había Facebook ni fotos prohibidas) en su contra, acusando al rey de ser el protector de una hechicera. Tan pesada se puso la institución del amor en la Tierra, que la joven pidió retirarse de la vida pública para volver a su pueblo… Demasiado tarde. Al rey no le pareció una buena idea dejar suelta a alguien tan influyente y popu.

A pesar de que rápidamente la apresaron y, ante las brillantes contestaciones de la joven, la acusación de bruja no tenía ningún valor, fue rápido que se olvidaron de eso, que era el cargo original, y lo fueron reemplazando por el de hechicera, adúltera, sensual y vanidosa (parece la letra de una canción de cumbia noventosa, pero no).

Algunos registros afirman que la condena de Juana se debió a que en realidad era una hija bastarda de la reina fallecida y el rey actual, su hermanastro, sintió temor de ser opacado por ella. También están quienes opinan que fue víctima de un entramado político complejo… Lo mejor es lo último: Algunos aseguran que la mujer fue cambiada y se quemó a una desconocida, basándose en los testimonios de la época que ratifican que muchos años después una mujer fue reconocida por sus hermanos y sus compañeros de batalla como Juana de Arco, cerca de su pueblo natal.

Lo cierto es que Juana se convirtió en todo un símbolo que perdura hasta el día de hoy. Prenderla fuego se les volvió totalmente en contra (y no sólo por la maldición que se desató, ya que murieron todos los involucrados de formas extrañas y horribles. A uno se lo comieron las ratas, por ejemplo), sino porque Juana se convirtió en una fogata incapaz de apagarse. Y si cree que Juana era una bruja endemoniada, no se preocupe, no va a hacer una combustión espontánea.

Comentarios
Compartir
Artículo anterior“El loco y la camisa”: La magia de lo cotidiano
Artículo siguienteReceta de HAMBURGUESAS VEGETARIANAS
Menna Grimal
Guionista en proceso, ceremonialista en retroceso y otros delirios mesiánicos. Ultra leonina y pagana. Me casé con Guión, pero de vez en cuando tengo fantasías con el Teatro. Hija no reconocida de la televisión.