Objetos importantes para mí, de la infancia y del presente

Algo curioso de lo que me fui dando cuenta los últimos años es que la primera conversación que tengo con una persona cuando me presento suele tratar siempre de lo mismo.

Apenas digo que me llamo Simone, me miran medio raro y me preguntan si me pueden decir Simón o algo por el estilo. Les digo que no, que no se les ocurra. Me gusta mi nombre así, tal cual es, no quiero que lo cambien. Entonces es cuando, de paso, aclaro que, aunque en algunos países es nombre de mujer, en Italia es nombre de hombre.

Me preguntan si soy italiano, les digo que sí, que nací allá y vine acá a los ocho años. En general, se sorprenden un poco y me piden que les cuente cosas de allá, aunque la verdad es que no es mucho lo que puedo contar.

Después, en algún momento de la conversación, siempre me preguntan: “¿Y por qué se vinieron de allá?”. Entonces, me pongo a explicar que mi papá es italiano, pero vino acá con su familia cuando era muy chico. Vivió la mayor parte de su vida acá y después volvió a Italia. Hay muchos detalles que desconozco, pero lo que sé es que allá, en el norte, conoció a mi mamá. Ella es uruguaya, pero había ido a vivir a Italia poco tiempo atrás. Entonces, se quedaron allá, donde nacimos mi hermano y yo, pero mi papá siempre extrañó Argentina. Decía que extrañaba el mate, el dulce de leche, el asado… Pero también cosas más tontas, como el simple hecho de que acá hubiera algún cantante o famoso argentino. Claro que lo entendí cuando nos mudamos, ya que uno, cuando deja atrás el lugar que siente propio, lo que extraña es el conjunto de absolutamente todo: personas, objetos, lugares…

Y, finalmente, la pregunta que nunca falta es: “¿Te gustaría volver allá algún día?”. A lo largo de estos casi nueve años que pasaron, la respuesta fue variando bastante.

Mis anteojos de 2007 y de 2016

Al principio era un rotundo “¡Sí! Si pudiera, me iría ya”. No me importaban mis compañeros del colegio, mis parientes que viven acá, ni todas las cosas que me gustaban de este país. Todo muy lindo, pero yo quería volver. Sentía que no pertenecía a este “mundo”, que no encajaba. Creo que hasta era una excusa para justificar ese vacío que sentía de vez en cuando, que me faltaba algo que me llenara. Estaba seguro de que, si volvía a “mi mundo” que tanto extrañaba, todo se solucionaría.

Pasaron cinco años; me mudé dos veces y cambié tres veces de colegio. La última vez fue la que me hizo abrir los ojos. Fue hace dos años, cuando entré a la E.E.S. Nº2. Tuve la suerte de cambiarme con mi mejor amigo, por lo que ésta era la primera vez que era nuevo en una escuela y no me sentía solo. Con el tiempo empezamos a juntarnos con varias chicas que ahora son algunas de mis amigas. Ese año empecé a sentirme tan bien que me di cuenta de que estaba muy agradecido de que las cosas fueran de esa manera. Libros que leí, películas o series que vi, comidas que probé, lugares que visité y personas que conocí. No cambiaría nada de todo eso. Después de todo, mi pasión por la lectura y la escritura, y el conjunto de cosas que me hicieron ser quien soy se deben, en gran medida, a todo lo que viví acá.

Desde entonces fui haciendo más amigos que, cada uno a su manera, pasaron a ocupar un lugar importante en mi vida. A todos ellos los quiero mucho y me hacen sentir que, después de todo, sí pertenezco a este “mundo”.

Claro que me encantaría ir a Italia de vacaciones, y seguro lo voy a hacer algún día. Pero ahora sé muy bien que no necesito estar allá para ser feliz. Este es “mi mundo” y lo amo.

 

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Simone
Me encantan las historias. Leer y escribir, ver películas, series, etc. e imaginarme mis propias historias. Y me gusta tratar que mi propia historia sea una aventura, todo el tiempo.